Bertia se reencarna en su otome favorito, pero no como una heroína, sino como una villana comprometida con el príncipe heredero Cecil. Sabiendo su destino, intenta sabotear el romance principal y actual como una flor malvada que termina marchitándose.
Sin embargo, por más que intenta llevar a cabo sus planes, siempre la acaban haciendo aún más adorable, cambiando la percepción de todos a su alrededor y complicando las reglas de un juego que parecía predecible.