Me ha gustado bastante la serie, sobre todo por su tono, por su imaginería y por esa manera tan física y desagradable de tratar el vampirismo. Tiene momentos muy potentes y se nota bastante el universo de Guillermo del Toro en lo visual, en los monstruos y en esa mezcla de epidemia, horror corporal y fin del mundo.
Lo mejor, para mí, es cuando la serie se centra en el avance de la plaga y en la sensación de que todo se va descomponiendo poco a poco. Ahí sí funciona de verdad. Tiene fuerza, atmósfera y una mitología que, aunque a veces se pone excesiva, le da bastante personalidad frente a otras historias de vampiros más convencionales.
El problema es que también se nota mucho que alargan la historia más de la cuenta. Hay tramas, vueltas y repeticiones que terminan pesando, y eso hace que una serie que me gusta acabe haciéndose un poco pesada por momentos. No es que pierda del todo el interés, pero sí da la sensación de que podría haber sido más directa y más eficaz.
También hay personajes y decisiones que no siempre ayudan. A ratos el drama se impone demasiado sobre el impulso del terror, y no todo está igual de bien llevado. Aun así, cuando la serie recupera el pulso y vuelve a lo monstruoso, al asedio y al caos, vuelve a enganchar con bastante facilidad.
Eso sí, sigo prefiriendo los libros en los que se basa. Me parecen más compactos, más tensos y mejor resueltos en cómo desarrollan la historia. La serie amplía cosas interesantes, pero también diluye parte de la fuerza que tenía el material original.
En conjunto, me parece una serie muy disfrutable, con ideas muy buenas y una estética muy marcada, pero también bastante irregular. Me ha gustado, sí, pero creo que habría funcionado mejor con menos rodeos y más contundencia.