Z Nation es una serie curiosa. En teoría pertenece al mismo universo que Black Summer, pero cuesta mucho creerlo cuando la ves. No tiene la misma intensidad, ni la misma crudeza, ni esa sensación de supervivencia desesperada que hacía que Black Summer pareciera casi una experiencia física. Aquí todo es más ligero, más de serie B, más gamberro, más irregular y bastante más cercano al entretenimiento pulp que al terror seco.
La premisa tiene gancho: en pleno apocalipsis zombi, un grupo debe transportar a Murphy, un hombre que parece ser el único superviviente conocido de una mordedura, porque su sangre podría ser la clave para una cura. Es una idea sencilla, clara y eficaz. Además, le da a la serie una dirección muy concreta: no se trata solo de sobrevivir episodio a episodio, sino de cruzar un país destruido con una misión. Eso, bien llevado, podía haber dado una grandísima serie.
Y ahí está precisamente lo frustrante. Z Nation tiene algo. Tiene mundo, tiene personajes reconocibles, tiene humor negro, tiene situaciones absurdas, tiene zombis de todo tipo y tiene una libertad que muchas series más “serias” no se permiten. A veces se nota que disfruta inventando locuras dentro del género: episodios disparatados, amenazas grotescas, soluciones exageradas, momentos que no buscan realismo sino pura diversión postapocalíptica.
El problema es que esa libertad no siempre va acompañada de una dirección suficientemente fuerte. Hay momentos entretenidos, sí, pero también muchos otros donde parece que la serie se conforma con ser barata, caótica y funcional. La puesta en escena no siempre está a la altura de las ideas. La acción puede ser divertida, pero rara vez impresiona. El drama aparece y desaparece. Y el tono cambia tanto que a veces cuesta saber si quiere ser parodia, aventura, terror, comedia negra o western zombi.
Compararla con Black Summer quizá sea injusto, pero es inevitable. Black Summer iba directa al nervio: persecuciones, miedo, silencio, caos, decisiones brutales, gente corriendo por su vida. Z Nation, en cambio, parece moverse en otro registro. Es más desenfadada, más televisiva, más cercana a la serie de culto de bajo presupuesto. Eso no la hace necesariamente peor, pero sí muy distinta. El problema es que, al saber que comparten universo, uno espera alguna conexión emocional o tonal que apenas se siente.
El reparto tiene bastante culpa de que la serie funcione mejor de lo que debería. Roberta Warren, Murphy, Doc, 10K, Addy y Citizen Z acaban teniendo presencia. Algunos personajes empiezan como clichés, pero con el tiempo se vuelven parte del encanto de la serie. Especialmente Murphy, que introduce una ambigüedad interesante: no es exactamente héroe, ni villano puro, ni simple víctima. La serie mejora cuando entiende que sus personajes pueden ser más atractivos que sus tramas.
También hay que reconocerle algo: Z Nation no va de prestigiosa. No intenta disfrazarse de gran drama televisivo. Asume su condición de producto de zombis con humor, sangre, exageración y capítulos raros. Esa falta de solemnidad es una virtud. Mientras otras series del género se vuelven pesadas intentando parecer importantes, esta acepta ser una aventura sucia, irregular y algo loca. Cuando esa energía funciona, la serie tiene encanto.
Pero queda la sensación de oportunidad perdida. Con otra dirección, con más presupuesto, con una puesta en escena más intensa y una escritura menos dispersa, Z Nation podría haber sido una serie enorme dentro del género. Tenía una buena misión central, un mundo amplio, personajes con recorrido y un punto gamberro que podía diferenciarla muchísimo. En cambio, se queda en una serie que se puede ver, que entretiene a ratos y que tiene personalidad, pero que rara vez alcanza todo lo que prometía.
Z Nation no tiene la fuerza de Black Summer, ni de lejos. Pero tampoco es una serie descartable. Es irregular, barata en muchos momentos y demasiado dispersa, pero tiene algo atractivo: una mezcla de serie B, aventura zombi, humor negro y personajes que, poco a poco, se hacen compañía. No es una gran serie, pero sí una que uno puede ver con cierta simpatía, pensando continuamente que dentro de ella había una versión muchísimo mejor.