La secundaria dejó a Uka Ishimori marcada, incapaz de reír, llorar o saludar. Su mundo gris cambia cuando conoce a un chico con el pelo color limón, que la ayuda a revivir y le devuelve pequeñas dosis de alegría.
Este encuentro le abre la posibilidad de creer que la vida aún le puede ofrecer momentos dulces y la anima a buscar ayuda, enfrentándoselos a sus miedos y cicatrices mientras descubre que conectarse con otros podría ser el primer paso hacia su propia curación.
