Ser concursante profesional en nuestro país puede ser un buen sustento si tienes las habilidades adecuadas. Y si no, que se lo digan a Óscar Díaz, un madrileño traductor de obras de ciencia ficción y videojuegos, entre otras cosas, que batió todos los récords de Saber y Ganar al cumplir 200 programas como concursante.
Óscar Díaz, sin embargo, no ha limitado sus ganas de probar conocimiento en Saber y ganar: también ha participado en ¡Boom! o Pasapalabra, donde en 2024 ganó el bote y se llevó a casa cerca de 2 millones de euros. Su historial como concursante profesional se remonta a la década de los noventa, donde 'debutó' en el concurso Toma nota, que se emitía en Telecinco y que era una mezcla de cultura general y música.
Este madrileño es oriundo de un pequeño municipio de la provincia llamado Perales de Tajuña, pueblo que sale a colación en una entrevista que ofreció a JotDown en 2016.
"Me parecía justo acordarme de mi pueblo, y sobre todo de mi abuelo materno"
"Es el pueblo de donde ha salido mi familia. Mis padres me tuvieron siendo ellos muy jóvenes, y mis abuelos, los cuatro, porque todos eran de allí, lucharon mucho para sacar adelante a sus hijos en dos familias muy humildes de agricultores", asegura Díaz. Y prosigue hablando sobre cómo nos identificamos con la tierra a la que pertenecemos.
"También veo el efecto que ha causado la tierra en mi abuelo. Y me emociona. Que haya gente que se haya dejado litros y litros de sudor, y alguna ración generosa de sangre, en un terruño, y que le brille la mirada cuando habla de su tierra… Yo no puedo remedar ese sentimiento, y me parecía justo acordarme de mi pueblo, y sobre todo de mi abuelo materno, que es el único que vive ahora mismo y quien quizás esperaba esa mención en los cien programas anteriores".
La infancia de Díaz estuvo marcada por el fallecimiento prematuro de su padre, cuando este solo era un niño. Su abuelo acabó convirtiéndose en su verdadera figura paterna. Mi abuelo es un hombre que, a pesar de haber salido más o menos indemne de la Guerra Civil, ha sufrido mucho (...). Mi padre falleció cuando yo era muy pequeño, luego mi madre se casó en segundas nupcias y su segundo marido, mi segundo padre, también falleció, y quien ha estado ahí toda mi vida, a mayor o menor distancia, siempre ha sido mi abuelo".
De su abuelo ha heredado la curiosidad por saber. "Uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi niñez es estar sentado con mi abuelo, pidiéndole que me contara cosas. Me hablaba de pájaros, de cantos de pájaros, me contaba cosas de la región, de su entorno, cosas interesantes, y nos íbamos de un tema a otro (...); eso era el grado máximo de felicidad. Me hubiera gustado tener una grabadora entonces".