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    Adiós a Tony Curtis (el cine sigue de luto)
    30/9/2010 a las 15:34
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    Ha muerto Tony Curtis, posiblemente, el último galán del cine clásico americano que quedaba con vida. Su arrebatadora mirada quedó fijada en incunables como 'Los vikingos', 'Espartaco', 'El estrangulador de Boston' y, por encima de todas ellas, la eterna 'Con faldas y a lo loco'.

    Pues sí, aquí lo tienen en la foto. Ha muerto el hombre que enamoró a Marilyn Monroe (en la ficción, claro, aunque siempre que le preguntaban por ello, él renegaba de la belleza rubia alegando que besarla era "como besar a Hitler"), quien acompañó a Espartaco en su epopeya avant-gladiator (ya antes había compartido andanzas con Kirk Douglas en la superior 'Los vikingos (The Vikings)') y se puso los pantalones del ilusionista Houdini en la película homónima. De hecho, en sus 85 años de vida (más de 50 de profesión), tuvo tiempo hasta de convertirse en un psychokiller, coquetear con el cine indie de los noventa y trabajar con Quentin Tarantino. Ahí es nada.

    Curiosamente, si lanzáramos un flash-back sobre su vida, la cosa no empezaría muy feliz. Curtis, nacido en El Bronx (Nueva York) en 1925 con el nombre de Bernard Schwartz, era hijo de inmigrantes judíos de origen húngaro (su madre, enferma de esquizofrenia, solía golpearle con frecuencia; algo que el actor dejó por escrito en sus memorias "Un príncipe americano: Memorias"). Desde muy joven el futuro protagonista de 'Fugitivos (The Defiant Ones)' (1958) se refugiaría en las salas de cine, donde acabaría enamorándose (metafóricamente) de... Cary Grant; actor al que en el futuro intentaría imitar llegando a los puntos paródicos que se entrevén en 'Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot)'. Sin embargo, antes de probar suerte en el cine, lo intentó en un ámbito bien distinto: se alistó en la marina para combatir en la Segunda Guerra Mundial, llegando a presenciar la rendición del ejército japonés en 1945.

    Luego, llegarían las películas. Primero como Anthony Curtis -nada destacable excepto, quizá, su escueta colaboración en el magistral western de Anthony Mann 'Winchester 73 (Winchester '73)' (1950)- y a partir de 'Su alteza el ladrón' (1951), ya con el nombre por el que sería mundialmente conocido. Su primer éxito llegaría con 'El Gran Houdini (Houdini)' (1953), donde conocería a la que sería su primera mujer, la hitchcockiana Janet Leigh, con quien tendría dos hijos; siendo la primogénita la futura scream queen del cine de terror de los 80: la actriz Jamie Lee Curtis.

    Actor tan prolífico como errático -más de un centenar de films pueblan su trayectoria- obtuvo sus mejores papeles en la década de los cincuenta, entre los que se encuentran títulos de la talla de 'Trapecio (Trapèze)' (1956), 'Los vikingos (The Vikings)' (1958), 'Fugitivos (The Defiant Ones)' (1958) -su única nominación al Oscar-, 'Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot)' (1959) y, finalmente, 'Espartaco (Spartacus)' (1960). A partir de los sesenta, sin embargo, su estrella fue perdiendo brillo paulatinamente merced a un seguido de películas fallidas: desde 'Soltero en apuros' (1961) a 'El rally de Montecarlo y toda la zarabanda de antaño' (1969). Únicamente salvaríamos de esa época el alucinógeno retrato de un psicópata que Tony Curtis nos brindó en esa joya de Richard Fleischer llamada 'El estrangulador de Boston (The Boston Strangler)' (1968).

    Con el tiempo Curtis fue espaciando cada vez más sus colaboraciones cinematográficas -un pequeño papel en 'El último magnate (The Last Tycoon)' (1976) o siendo parte del coral reparto que alumbraba 'El espejo roto (The Mirror Crack'd)' (1980)- hasta el punto de refugiarse en la pequeña pantalla en series de corte pulp como 'Los persuasores' (1971-1972), 'McCoy' (1975-1976) o 'Las Vegas' (1978-1981).

    En estos últimos años ha resultado más fácil ver al octogenario actor a partir de sus apariciones en la prensa rosa -seis matrimonios, a cual más delirante- que en ningún tipo de pantalla. Con todo Alexandre Rockwell se acordó de él para una de las películas que definirían la iconografía indie de los noventa: 'Louis y Frank (Louis & Frank)' (1998) y, cómo no, Quentin Tarantino contó con su icónica mirada para el episodio doble que rodaría para la serie 'CSI: Las Vegas (CSI: Crime Scene Investigation)' (2005).

    Alejandro G.Calvo
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