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    Iron Man 3
    Críticas
    3,5
    Buena
    Iron Man 3

    Arranca la Fase 2

    por Alejandro G.Calvo

    Está claro que todo cambió con 'Los Vengadores'. Tras el filme de Whedon, el primero germinado en la Casa de las Ideas que podía mirar a la cara sin ruborizarse a la saga de 'El caballero oscuro' de Christopher Nolan, Marvel por fin lograba plasmar toda su idiosincrasia –ese póquer cuyas bazas son la espectacularidad, la tragedia, el humor y la iconografía pop propia de sus personajes en una fiesta audiovisual que, si bien únicamente se concentraba en la última soberbia hora de la cinta, logró hacer las delicias de todo el mundo: fanáticos y apóstatas, nerds y profanos, coleccionistas de cómics y aquellos que no habían cogido en su vida un libreto en grapa de “El Increíble Spider-Man”.
    El público cumplió con su cometido –aún en los tiempos oscurantistas que corren para las salas de cine y convirtieron las aventuras del Capitán América y compañía en la tercera película más taquillera de la historia del cine, sólo superada por ese empacho de píxel pro-vida llamado 'Avatar' y el melifluo drama romántico 'Titanic', ambas del tan genial como empalagoso James Cameron.


    El reto que tenía en sus manos 'Iron Man 3' era, claro, de cuidado. Pues ya no sólo se trataba de buscar la reválida a su film precedente –me refiero a 'Los Vengadores', no a la insípida 'Iron Man 2', de la que ya sólo recuerdo la imagen de Iron Man haciendo scratching totalmente borracho-, sino que además es la película que inaugura la denominada Fase 2 de Marvel, presuntamente, el mayor espectáculo de películas de superhéroes y mutantes que haya dado jamás la historia del cine: 'Lobezno inmortal', 'Thor 2: El mundo oscuro', 'Capitán América: El soldado de invierno', 'X-Men: Días del futuro pasado', 'Ant-Man','The Amazing Spider-Man 2', 'Guardianes de la galaxia' y, como broche final, la secuela de 'Los Vengadores'; todas ellas pergeñadas bajo la batuta del todopoderoso Avi Arad y coordinadas/supervisadas tanto por Joss Whedon como por Mark Millar (aunque aún no me ha quedado muy claro qué papel cumple el afamado escritor de cómics escocés en todo este asunto).


    'Iron Man 3' parte de una base soberbia: la novela gráfica escrita por Warren Ellis y dibujada por Adi Granov bajo el título “Extremis”. Y ahí está el primer gran acierto de su nuevo responsable, el cineasta Shane Black –suya es la tronchante 'Kiss, Kiss, Bang, Bang'-, también coautor del guión, al haber retorcido el material de base para que este se muestre en la película convenientemente alterado para que nada ni nadie se espere lo que va a ver en la gran pantalla. Y ya no es sólo que 'Iron Man 3' se halle plagada de giros argumentales sorprendentes, así como de grandes momentos que equilibran a la perfección el habitual tono cómico de las películas protagonizadas por Tony Stark como las enmudecedoras secuencias de acción marca de la casa –en la película hay un carro de ellas: desde el ataque a la mansión de Stark hasta el atentado aéreo al Air Force One, sino que por encima de todo, esta película se disfruta como un único bloque dramático-festivo que va mucho más allá de emparejar tres secuencias de acción resultonas rellenándolas con impasses intrascendentes –lo habitual en los blockbusters americanos. Aquí la coherencia narrativa hila con tanta gracia la cal como la arena, haciendo que sus altibajos narrativos no sean más que un latir continuo del mejor cine de superhéroes que uno se pueda echar a la cara.


    El film de Black se distancia de sus predecesores, básicamente, al beneficiarse de un acabado final de las imágenes que hacen parecer los FX del primer 'Iron Man' como si fueran de la edad del cartón-piedra. Secuencias como la batalla final, donde Tony Stark salta de armadura en armadura mientras se desmorona una fábrica a su alrededor, es una buena prueba del alcance al que se ha llegado gracias a la imagen infográfica de última generación. Que haya espacio para la tragedia humana en un contexto bañado donde se cruzan los rayos de luz y el fuego escupido por la boca junto con delirantes líneas de diálogo, y que todo ello cuaje sin resultar un esperpento es el principal éxito de un título que ya figura entre lo mejor del cine de superhéroes.


     

    A favor: El Mandarín de Ben Kingsley, hay que verlo para entenderlo.


    En contra: Que a base de acumular finales espectaculares estos acaben perdiendo algo de tensión. 

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