El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)
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La Crítica de SensaCine El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)

4,0

Historias de Filadelfia
Por Paula Arantzazu Ruiz

Lo cantaba Chet Baker y en 'El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)' no para de repetírselo a sí mismo el personaje interpretado por Bradley Cooper: ves en busca de la línea plateada, la luz de esperanza, ese lado bueno de las cosas al que se refiere el título de esta comedia romántica que sólo cosecha éxito allá donde pasa. Para alérgicos del efecto cursi del género, vaya por delante que la cinta de David O. Russell evita el tono rosa y de violines: 'El lado bueno de las cosas' palpita con el mismo ritmo que un tema del elegante West Coast Jazz y se mira en el no menos cool George Cukor y sus 'Historias de Filadelfia (The Philadelphia Story)', aunque el resultado final tenga más que ver con el costumbrismo del suburbio estadounidense, inundado de AOR como banda sonora.


En última instancia, 'El lado bueno de las cosas' es una celebración de lo que se perdió en el camino, de la falibilidad que nos caracteriza como seres humanos y de las segundas oportunidades. Pero antes de adelantar acontecimientos, la cinta de O. Russell es sobre y ante todo una comedia romántica. Se dirá que productos del género hay de sobras, pero también pocos que actualicen con tanto brío la screwball comedy, trasladándola de los paisajes classy donde acontecían este tipo de películas en el cine clásico (y no tanto), a escenarios más comunes y anodinos como, por ejemplo, la casa de tus padres. Del mismo modo, los roles de sus protagonistas -pese a estar interpretados por dos guapos en auge como Bradley Cooper y Jennifer Lawrence-, no se distanciarían de los platicados en las comedias de Lubistch, del citado Cukor o en las cintas de suspense de Stanley Donen si no fuera porque aquí nos encontramos con dos lunáticos de manual (quizá demasiado): Pat (Cooper) es un maniático bipolar violento, Tiffany (Lawrence), una bipolar ninfómana.


Asimismo, O. Russell ha querido que su filme sea, valga la paradoja, una comedia romántica con los pies en la tierra. Ni Pat o Tiffany flotan en una burbuja, aunque su enfermedad nos lleve a pensar lo contrario. En efecto, ambos son incapaces de vivir por sí mismos, ninguno de los dos posee los asideros necesarios para ser autónomos, pero ello no quiere decir que el resto del mundo les resulte ajeno. Como apuntaba más arriba, aquí no hay violines ni tono rosa, sino un mundo que se tambalea alrededor de los protagonistas: el padre de Pat (Robert De Niro) acaba de quedarse sin trabajo y está enganchado a las apuestas ilegales, mientras que uno de sus mejores amigos ha aprovechado la quiebra en el mercado de inmuebles para medrar económicamente, en detrimento, claro, de su felicidad personal.


No hay música meliflua, pero, para suerte de los espectadores, sí hay risas. Muchas. Escenas de carcajada limpia, como cuando Pat lanza 'Adiós a las armas' de Ernest Hemingway por la ventana de su casa a altas horas de la madrugada o la cena del primer encuentro de Pat y Tiffany. Y por si fuera poco, también un inspiradísimo Chris Tucker y demás plantel de secundarios, entre ellos un no menos espléndido De Niro en el papel del padre cascarrabias y maniático del protagonista.


Esa idea de vulnerabilidad que toca a todos y cada uno de los personajes está plasmada mediante una plástica muy sencilla y sutil. O. Russell busca la máxima empatía con sus criaturas, y por eso la cámara se pega a la piel de Pat y Tiffany, y en ocasiones parece incluso que se sienta el vaho de su respiración. Sin caer en la estilización de lo sensorial, la cámara manejada por el nipón Masanobu Takayanagi se planta frente a las miradas algo perdidas de los protagonistas como queriendo interrogarles, buscando una respuesta a sus anomalías. Por supuesto, damos por hecho que O. Russell no es John Cassavetes ni 'El lado bueno de las cosas', 'Una mujer bajo la influencia (A Woman Under the Influence)', pero el cineasta sabe que está manejando material sensible y registra con buen tino lo epidérmico de ciertas emociones. Es evidente que otras cintas trabajan más profusamente el dolor de la enfermedad mental, sus consecuencias y pesares, pero las intenciones de O. Russell van por completo por otro lado: si la comedia romántica canónica de Hollywood relata el triunfo del amor, de la pareja heterosexual y la familia, 'El lado bueno de las cosas' cumple al cien por cien con tales parámetros. Elegante, divertida y mágica como un musical, estamos ante la mejor 'feel good movie' del año y una de las más conmovedoras fábulas sobre el ir aprendiendo a bailar la vida junto a la persona que quieres. Y buscando, como canta Chet Baker, "the sunny side of life".


A favor: Todo, pero aplaudimos que Robert De Niro haya sido recuperado para un papel tragicómico a su altura.


En contra: Que no se estrene en Navidad.

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