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    La Lego película
    Críticas
    5,0
    Obra maestra
    La Lego película

    La piñata (de piezas Lego) definitiva

    por Alejandro G.Calvo

    De entrada debería decir que no es lógico que me guste una película que parece un anuncio comercial (por más bien elaborado que esté). Es extraño, no creo que a nadie le haga especial ilusión ir a ver "La McDonalds Película" o "La Bankia Película" (esa igual era divertida). Puesto que uno es perfectamente consciente de que, por detrás el artefacto fílmico, en el fondo te están vendiendo de forma impúdica un producto concreto. Y he ahí el primer gran triunfo de esta magnífica película: que ya no es que alcance una máxima complicidad por parte del espectador frente a su brillante operación de marketing, sino que además consigue otorgar a la misma una filosofía Lego-existencialista que justifica a la perfección tanto la construcción estética y el delirio narrativo del invento para, finalmente, provocar una catarsis lúdica que defiende el juguete de marras como una manera de entender la vida. Una apología de la ilusión sujeta por un armazón fantástico que defiende la libertad creativa (tanto individual como colectiva) y la pasión por el juego incluso a patanes como el que esto suscribe, alguien incapaz de juntar tres piezas del juego con un sentido lógico aparente.


    Por ello no es baladí que el protagonista de la cinta, Emmet, un 4-piezas anodino en un mundo intrincado donde la permutación es la norma –todo se reconstruye continuamente-, sea alguien negado a la hora de apañarse con la ingeniería de objetos imperante. En los primeros cinco minutos de la cinta –suficientes para que al espectador le reviente la cabeza como una piñata de piezas sueltas- uno se ve sumergido en un huracán de imágenes mutantes, un mundo que cambia a cada segundo (ya no tiene sentido usar el término "fotograma"), autodinamitándose y volviendo a renacer de sus propias cenizas de piezas de construcción. Cuesta asimilar tal despiporre técnico, tan alucinante en su visionado como difícil de aprehender en toda su inmensidad; uno solo puede dejarse llevar por ese magma de imágenes que desafían los límites de la realidad en aras a construir un nuevo universo donde las reglas físicas no parecen tener un mayor límite que el de los cuatros bordes de la más pequeña pieza Lego.


    Superada la impresión inicial, uno ya sólo debe dejar llevarse por la tronchante historia que domina la narración. En ella Emmet pasará a ser un Neo en stop-motion enfrentado a un próximo apocalipsis a manos de un villano obsesionado con la continua transformación de "Legoland". Al ser una producción de Warner, Emmet contará con la ayuda de todo tipo de personajes cuyo copyright pertenecen a la totémica productora -los superhéroes de DC Cómics, los personajes de Tolkien y del mundo de Harry Potter, etcétera- en un relato plagado de chistes bombásticos y guiños cinéfilos –llega a alcanzar el maravilloso metalenguaje de Community-  de lo más delicioso. El perfecto tono cómico que domina el relato, claro, viene de la mano de sus hacedores: Phil Lord y Christopher Miller, responsables tanto de la tronchante Lluvia de albóndigas como de esa pequeña genialidad llamada Infiltrados en clase. Y con todo lo genial que resulta, aún así acaba quedando en un segundo plano ante la fascinante sorpresa final que, como indicaba al principio del texto, acaba dando una perfecta (y fantástica) coherencia empírica a la obra.


    Vamos, que La lego película es un triunfo en toda regla. Tanto como película como producto de merchandising. Su visionado es una fiesta, tan divertida como trepidante, tan loca como apasionante. La primera sorpresa cinematográfica de este 2014.


    A favor: Prácticamente todo.


    En contra: Que el resto de estrenos de la temporada no estén hechos con Lego.

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