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    Arrietty y el mundo de los diminutos
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Arrietty y el mundo de los diminutos

    Miyazaki en segundo grado

    por Manuel Yáñez
    Sea magistral o simplemente interesante, una producción del Studio Ghibli, la factoría de animación japonesa fundada por Hayao Miyazaki ('Mi vecino Totoro', 'El viaje de Chihiro') e Isao Takahata, siempre debe ser recibida con una respetuosa reverencia. En este caso, la película en cuestión, 'Arrietty y el mundo de los diminutos' (coproducida por la sucursal japonesa de Walt Disney), llega dirigida por el debutante Hiromasa Yonebayashi, un discípulo de Miyazaki que aquí tiene el honor de "animar" un guión de su maestro, basado en la novela "The Borrowers", de la escritora inglesa Mary Norton. Una obra que ya fue adaptada al cine y la televisión británica en los noventa, y que no debe ser confundida con 'The Littles', del americano John Petersen, que inspiraría la mítica serie de animación 'Los diminutos'.

    No es la primera vez que Miyazaki busca inspiración en materiales foráneos. Vale la pena recordar que su primer protagonista fue Lupin III, un descendiente de Arsène Lupin, mientras que su última película hasta la fecha, 'Ponyo en el acantilado', está basada en el cuento de "La sirenita" de Hans Christian Andersen. En esta ocasión, el maestro del anime encuentra en el universo de los pequeños humanoides creados por Norton una nueva excusa para incidir en sus viejas obsesiones. En primer lugar, el choque entre el mundo rural (continente de tradiciones, leyendas y mitos animistas) y el urbano (enclave de una modernidad observada siempre con recelo). Y luego, el maravilloso encuentro entre la realidad y la fantasía, una conexión posible gracias a la nobleza, inocencia y bondad propias de la infancia.

    Todavía hay más huellas de Miyazaki en 'Arrietty...', como por ejemplo la figura de la joven, audaz y temeraria heroína protagonista, o la proliferación de artefactos mecánicos. Sin embargo, en la película de Yonebayashi se echa de menos el torrente cinético que suele impulsar el talento y la imaginería de Miyazaki. En cierto sentido, 'Arrietty...' funciona más como una colección estática de interesantes tesis que como un océano dinámico de ideas. Aún así, una pequeña tesis de Miyazaki vale más que la obra completa de muchos animadores, cuestión que valida el interés de 'Arriety...', una película en la que, además, es posible disfrutar de los paraísos perdidos de la animación predigital, encapsulados en detalles deliciosos, como la melena ondulante de Arrietty o las gotas de rocío desprendiéndose de las hojas. Una cuota moderada de justa nostalgia.

    A favor: El delicado equilibrio entre claridad (el vitalismo de Arrietty) y oscuridad (la enfermedad de Sho).

    En contra: No le vendría mal una inyección de movimiento.
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