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Obra maestra
En otro país (In Another Country)

Las variaciones Hong

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Hace unas semanas, 'Un verano ardiente' se convertía en la primera película de Philippe Garrel estrenada en España. Y el mismo honor, más bien dudoso, le corresponde ahora a 'En otro país', de Hong Sang-soo. Digo 'dudoso' porque no creo que sea normal que ni uno ni otro hayan gozado hasta ahora de esa oportunidad. Garrel es uno de los más reputados directores franceses, admirado por la crítica internacional desde sus inicios allá en los años 70. Hong es quizá el más importante de los directores surcoreanos contemporáneos, con más de quince títulos y numerosos premios a sus espaldas. Pero no voy a agobiar al lector con una relación de sus trabajos anteriores, ni mucho menos con un listado de sus características como cineasta. Ver 'En otro país' ya es suficiente para entenderlo. Su estilo es tan diáfano, su discurso tan directo, que resulta conmovedor en su sencillez, tanto como sus personajes. Pero, también como en el caso de estos, esa simplicidad esconde múltiples vericuetos, senderos que se bifurcan y se trifurcan, y que nos llevan a otros relatos posibles, en una exuberancia narrativa que por otro lado no tiene nada de barroca, que se despliega ante los ojos del espectador con una pasmosa naturalidad. 'En otro país' es así una película de caminos, literal y figuradamente: los que toma la protagonista, los que toma la narración, los que adquiere el sentido de esta propuesta asombrosa, única.


Una muchacha se aloja en un hotel costero para huir de los acreedores que persiguen a su familia y, decidida a matar el tiempo, empieza a escribir un guión. Ello dará lugar a tres historias que en el fondo son una sola, protagonizadas por una mujer (Isabelle Huppert) que a su vez cambia de identidad en cada fragmento. Las variaciones son sutiles, los personajes reaparecen con distintos roles, pero uno de ellos permanece: el irresistible salvavidas de la playa (Yoo Jun-sang, pletórico) por el que sentirá una invariable atracción. El cine, el alcohol y las oportunidades perdidas atraviesan la película a modo de motivos recurrentes, como lo son también de la filmografía de Hong, y en el fondo todo acaba convirtiéndose en una única historia: la de esa mujer, que podría ser cualquiera, segura de sí misma en el primer segmento, confundida y dubitativa en el segundo, y por completo desubicada en el tercero. Las diferencias, grandes o pequeñas, que la narradora y Hong introducen en los saltos de uno a otro indican que todo podría ser distinto, aunque siempre acaba siendo lo mismo. 'En otro país', como dice su título, habla de las relaciones entre seres que no se entienden, de culturas diferentes, pero que en el fondo sufren la misma soledad, el mismo desamparo. Y uno de los sentidos de este laberinto podría ser el que atraviesa cualquier narración de viajes: el encuentro entre la civilización occidental y un personaje puro, incontaminado, que pondrá todas sus convicciones patas arriba. Como en el caso de Jim Jarmusch, por ejemplo, con el que mantiene más de un punto de contacto.

Sin embargo, no es tan fácil como parece, nunca lo es en una película de Hong Sang-soo. La ironía trabaja subterráneamente, hasta el punto de ofrecer otras tantas lecturas paralelas de lo que estamos viendo, y cada giro nos obliga a volver atrás, reexaminar lo anterior y sacar nuevas conclusiones. Ni historia lineal ni narraciones paralelas, 'En otro país' es todo eso y mucho más, como si su aparente minimalismo encubriera una cantidad tal de sugerencias que resulta imposible relacionarlas todas entre sí. Por mucho que identifiquemos rimas y repeticiones entre los 'episodios', siempre habrá otras escondidas, como ese faro que Anne siempre busca, o ese paraguas que una tarde encuentra, o ese plano de una encrucijada de caminos que se repite invariablemente, o ese matrimonio coreano que espera un hijo y se revela tan tópico, en fin, como la propia visión de la extranjera. Hong juega también con los arquetipos, con lo que sabemos y no sabemos de ellos, y en ningún momento intenta decir la verdad, sino una visión de las cosas que se limita al momento filmado. Es un hedonismo cinematográfico reconfortante, un relativismo fílmico insólito, una comedia nada moral y un drama apenas esbozado, o viceversa, que se reflejan en una planificación a la vez, también, segura de sí misma y llena de dudas. ¿Qué camino escoger? ¿Cómo filmar? En el fondo son la misma pregunta. Y Hong la resuelve con encuadres límpidos, o por lo menos así lo parecen, pues de vez en cuando un zoom inesperado cambia en un segundo el ángulo de visión y todo se recompone. Como lo que pensamos de la vida. O lo que creemos pensar. En su caso, filmar no es una cuestión de moral sino de aprendizaje.

A favor: es inagotable, divertida, inteligente, melancólica; según como se la tomen, se puede reír o llorar. ¿Necesitan más?

En contra: que no se haya estrenado ninguna otra película de Hong Sang-soo. Para remediarlo, compren el pack de DVD editado por Intermedio con cinco de sus trabajos anteriores.

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