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    Tren de noche a Lisboa
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Tren de noche a Lisboa

    Toda Europa en un film

    por Quim Casas
    Tren de noche a Lisboa repite la fórmula empleada hace dos décadas en la película La casa de los espíritus: el mismo director de origen danés pero curtido en producciones internacionales de diversa índole, Bille August; hablada en inglés; financiación alemana; rodaje en Lisboa; el británico Jeremy Irons al frente del reparto y un casting de distintos países que incluye viejas glorias como Christopher Lee (episódico), Tom Courtenay (excelente), Charlotte Rampling (breve) y Bruno Ganz (sobrio), más Mélanie Laurent, algo más que una promesa desde que Tarantino la pusiera a quemar películas en Malditos bastardos, y la siempre sugestiva Lena Olin.


    Hace años esta modalidad de hacer cine se conocía como euro-pudding y resultaba una curiosidad. Hoy es algo mucho más asumido, interiorizado y aceptado a la hora de combatir con las grandes producciones estadounidenses. Un cine sin aparentes referentes que trabaja a partir de un buen sostén literario (la novela de Pascal Mercier),intrigantes vericuetos argumentales, elogiosas prestaciones interpretativas y un telón de fondo importante (la dictadura portuguesa) sobre el que se desarrollan curiosas peripecias individuales.


    El veterano profesor que encarna Irons lo deja todo para seguir el rastro de quien ha escrito un libro caído en sus manos por azar. En esas páginas se ve reflejado, así que coge un tren hacia Lisboa para conocer al autor de esas hermosas frases que han calado  hondo en él. No importa la teórica verosimilitud de algunos aspectos del argumento: el espectador debe dejarse llevar como lo hace el personaje de Irons, obsesionado y fascinado, que no es lo mismo y a veces no casa bien, con ese escritor desconocido con el que tanto se identifica.


    El guión proporciona coartadas argumentales para que el film derive igualmente en una historia de amor y de compromiso político, en una reflexión sobre la amistad en tiempos duros, alternando dos tiempos y dos estados de ánimo: el que representa Irons en el presente, convencido de que desentrañará los misterios que llevaron a un desconocido autor portugués a escribir tan bellas páginas, y el de este escritor y un mundo que se desmorona a causa de la dictadura militar en un pasado no tan lejano. El film es como su reparto: jóvenes valores rivalizando en protagonismo con quien fuera el vampiro de la Hammer, el corredor de fondo sumido en la soledad del free cinema o el amigo del amigo americano, con Irons en el intersticio entre generaciones.


    A favor: la convicción de Irons, algunas presencias actorales, la armonía entre lo individual y lo colectivo.


    En contra: que puede parecer una fórmula, un cine prefabricado.


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