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    La Plaga
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    La Plaga

    En la frontera

    por Carlos Losilla

    ¿Están cansados de documentales que parecen ficciones y viceversa, de esa manera de mezclar realidad y narración que ya se ha convertido en marca de fábrica de determinado cine español? Entonces esta no es su película, pues incide con saña en esa estrategia, hasta el punto de proponerse como el último grito en ese tipo de operaciones. Por el contrario, ¿añoran aquel memorable momento en que cineastas aparentemente tan distintos como Joaquín Jordá, José Luis Guerín, Mercedes Álvarez o Marc Recha confluyeron en el Máster en Documental de Creación de la Universitat Pompeu Fabra y nos regalaron algunas de sus mejores películas, de Monas como Becky a En construcción, pasando por El cielo gira o Días de agosto? En ese caso no dejen de ver La plaga, primer largo de la joven cineasta Neus Ballús y último exponente, por el momento, de esa gloriosa saga. Centrado en los alrededores de Barcelona y en unos cuantos personajes reales que se mueven por un paisaje en crisis, La plaga convierte ese material en una ficción melancólica y crepuscular, un pequeño drama de costumbres con apariencia de western fronterizo.


    Vemos a un joven agricultor, último descendiente de una tradición familiar, que se enfrenta a una mala cosecha y a una plaga de insectos que asola sus tierras. Vemos a su ayudante, un inmigrante ruso adicto a la lucha libre y a las frases sentenciosas. Vemos a una valerosa mujer de edad que pugna por sobrevivir, por seguir con sus tareas cotidianas, mientras pretenden confinarla en una residencia. Vemos a una de las enfermeras, una filipina que se hará cargo de ella. Y vemos finalmente a una prostituta envejecida que pasea su cuerpo derrotado por esas tierras, una especie de espectro felliniano en medio de este pequeño apocalipsis del extrarradio. Dos inconvenientes pesan sobre este reparto improvisado, al que dan vida con tenaz diligencia unos pocos habitantes del lugar. Primero, parecen escogidos uno por uno, lo cual resta credibilidad al casting y le otorga un pesado aire de déjà vu. Segundo, como consecuencia de eso, algunos incluso sobreactúan y convierten la función en algo parecido a un combate de arquetipos, lo que no deja de ser sorprendente en una película que se pretende casi neorrealista.


    Por todo ello, La plaga es como un ejercicio manierista sobre el cine español de no ficción. Y paradójicamente su valía procede de esas debilidades, que sabe convertir en honestas virtudes. Ballús es una cineasta que tiende a la estilización, a la composición de pequeñas piezas a modo de tableaux donde sus criaturas se mueven como sonámbulos, interpretando un papel en una existencia agónica. Y de esa lucha surge un retablo costumbrista que puede parecer poco creíble, pero que en el fondo está más cerca del Visconti de La terra trema, salvando todas las distancias, que del Rossellini de Paisà.

    Pues, en efecto, es una guerra lo que describe esta película, la guerra del hombre y la mujer contra un medio adverso que intentan doblegar sin conseguirlo, contra el paso del tiempo, contra unas condiciones económicas injustas que sin embargo crean extrañas alianzas, contra la adversidad representada por esa plaga sin nombre. La película de Neus Ballús, en su honrada artificiosidad, está más lejos de una novela naturalista que de un documental, y esa es su perdición y su gloria.

    A favor: Su vocación de miniatura sobre un momento, un lugar, unas cuantas personas de verdad.
    En contra: Que esa verdad se vea enturbiada no tanto por el artificio como por la obsesión de contar hechos reales con personas reales. No lo son, por mucho que lo parezcan.

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