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    Un monstruo viene a verme
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Un monstruo viene a verme

    Paseo por el amor y la muerte

    por Marcos Gandía
    Resulta curioso que en el mismo año, tan sólo separados por unos meses, se hayan estrenado las últimas (y muy conectadas) películas de dos autores con unos mundos personales y cinematográficos muy semejantes: Steven Spielberg y J. A. Bayona. Tanto la incomprendida y fracasada comercialmente Mi amigo el gigante como la seguramente un arrollador éxito de taquilla (y de crítica, al menos las leídas y escuchadas hasta la fecha son extremadamente positivas) Un monstruo viene a verme parten de dos cuentos, dos libros de una aparente sencillez formal y conceptual pero que en su cálido y a ratos atormentado interior esconden un torbellino de tristeza y una presencia tan colosal como sus protagonistas diferentes (monstruosos, para entendernos): la de la muerte.


    Un monstruo viene a verme - Cartel
     El bello relato de Roald Dahl estaba escrito para una hija muerta y protagonizado por una huérfana en un mundo hostil. El, precioso, libro firmado por Patrick Ness (asimismo guionista en la adaptación de Bayona) tiene como protagonista a un niño ya a punto de dejar de serlo enfrentado a los miedos que conlleva la soledad y la espada de Damocles sobre su enferma y terminal madre. La fantasía será, en ambos casos, la válvula de escape para sobrellevar y aceptar algo tan terrible como esa muerte física del ser querido, y como esa otra muerte no menos terrible que es la de la infancia.
    J. A. Bayona no ha negado ni escondido nunca su devoción y admiración respecto al opus de Spielberg, pero hasta ahora no había sentido la necesidad de hacer una cita directa (uno de los diálogos más memorables y encogedores de corazón de la mayúscula E. T.: el Extraterrestre). Lo curioso es que al hacerlo es cuando el “alumno” parece decirle adiós al “maestro”, llevando a su terreno más personal lo que vendría a ser una versión de ese mismo E.T. con una imaginería a ratos muy deudora del universo de Guillermo del Toro (El laberinto del fauno).


    Bayona está hablando de la fantasía, de la creación artística, de la imaginación, de la pantalla de cine, del mismo cine en este drama con fugas hacia lo que de verdad es la realidad: la del arbóreo monstruo y sus cuentos/enseñanzas (un verdadero prodigio de estilos de animación; otro gran acierto de la película). Defensa del cine como bálsamo para los males del mundo y como cápsula donde todo va a estar perpetuamente eterno, Un monstruo viene a verme no cae jamás en lo lacrimógeno (esa distancia visual del mundo del niño y el de los adultos), es un prodigio a nivel técnico y dramático y sabe hablar de esa infancia, de esa inocencia con fecha de caducidad de la misma maravillosa manera de otro director al que también cita directamente (los títulos de crédito y el póster en la habitación de la madre): el Robert Mulligan de Matar un ruiseñor.


    A favor: la delicadeza con la que está narrada.

    En contra: una canción final demasiado a lo La historia interminable.
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