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Jem y los hologramas
Críticas
3,0
Entretenida
Jem y los hologramas

Showtime, Synergy!

por
Por mucho que la mayoría de ustedes crean que conocen los 80, o que su memoria les haga capacitados para opinar sobre ellos… nadie sabrá de verdad lo que fueron esos años locos e irrepetibles si no puede entrar, limpio de prejuicios y con el cerebro en blanco, en el universo que ha tratado de reproducir de manera obviamente suicida esta película. Jem y los hologramas es la propuesta más kamikaze que uno puede pensar en la actualidad. La explicación a que alguien haya dado el okey a su realización (salvo que estemos ante un alma gemela en forma de productor hollywoodiense fan de sus referentes freaks) debe estar en que la multinacional juguetera Hasbro tenía la línea y la licencia de estos muñequitos glam y petardos en el mismo pack de otros vendidos a los grandes estudios para competir en películas y/o superproducciones con la Mattel.

Jem y los hologramas - Cartel
Por supuesto que el film ha sido un fracaso rotundo, que ha sido recibido con algunas de las críticas más hirientes que se recuerdan (aunque la crítica USA está como muy idiota en los últimos años, eso también es cierto) y con el desamparo del público, los fans de las muñecas y de la serie de dibujos a la que dio lugar a mediados de los 80. Pues eso: no se entienden los 80 sin esta psicodélica serie animada con estrellas musicales en lucha con malvadas discográficas y con identidades secretas computerizadas y holográficas. Animación kitsch para unos años de estética Cindy Lauper y de la primera Madonna, de una inocencia en el pop disfrazada de iconoclastia y lisergia yuppie. El largometraje en imagen real del señor Chu apela a ese sinsentido estético, nostálgico y demencial, a pesar de su vocación de modernizar algo imposible de hacerlo. Y apela con guiños 80s como la concurrencia de Molly Ringwald y Juliette Lewis, esta última (estrella rockera en la vida real) parodiándose a sí misma y a su papel en los Días extraños de Kathryn Bigelow, película que bien podría ser la versión seria de esta que nos ocupa. Destinada pues a verdaderos creyentes de lo más pirado de la década ochentera, Jem y los hologramas está destinada a ser de culto, más o menos a mitad de camino entre la Modesty Blaise de Joseph Losey y la película de las Bratz.

A favor: que alguien haya hecho una película sobre Jem.

En contra: querer atraer a un público de hoy con cosas de hoy.
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