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    El bebé jefazo
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    El bebé jefazo

    Mi hermano del alma

    por Marcos Gandía

    Tal vez a primera vista pueda resultar chocante (o no) descubrir que el mensaje tras una muestra de cine de animación familiar y para todos los públicos como esta El bebé jefazo plantea un mensaje consistente en un “más tener hijos que comprar mascotas”. Y si encima se acerca a la natalidad como algo mágico (capitalista y empresarial) hecho en el cielo (ese momento en el que el niño le pregunta a su hermanito vestido de ejecutivo si es el niño Jesús) y que pone cara de asco cuando especula como un susurro en la oreja sobre el sexo procreador entre progenitores, pues igual uno teme ver aparecer algún tipo de autobús naranja pagado por lobbies ultraconservadores. Afortunadamente todo queda suavizado por un sentido del humor muy inteligente que aunque no soslaya el sentimentalismo ni la oda a ser madres, padres y hermanos (y quienes lo somos sabemos que ese sentimiento está muy por encima de ideologías y temas políticos o religiosos), sabe hacer de esa premisa antes entrecomillada una especie de misión malvada de villano megalómano de la saga James Bond. ¿O no es lo de acabar con los perritos con ojos mangaka y autismo emocional una cosa mucho más terrorista y políticamente incorrecta de lo que podríamos imaginar, mucho más en un Hollywood/USA que prefiere matar a un negro, en la ficción, que a un cánido?

    El bebé jefazo - Cartel Con todo, esa idea loca y ambigua, digna de algún relato del Dr. Seuss, aparece luego en el film desarrollada de manera harto precipitada. Brillantemente expuesta en términos de acción y visuales, pero lo cierto es que el clímax en la convención de Las Vegas es menos interesante de lo esperado. El resto de la cinta sí que lo es: salvo alguna persecución y ese esbirro fraternal travestido que no tiene demasiada gracia, el duelo entre ese bebé invasor y yuppie que descubre un universo secreto tras las cucamonas de un recién nacido y su hermano mayor (siete años y medio) es un prodigio de conocimiento del mundo infantil y sus inquietudes. El bebé jefazo se suelta (¡y cómo!) en su desfile de diversos estilos de animación y de diseños gráficos: de los trabajos vanguardistas de la UPA en la Columbia Pictures de los años 60 a lo que la publicidad de aquella época ofrecía en spots y en anuncios para revistas, pasando por la imaginería de Chuck Jones y asociados en la etapa que el genio del cartoon estuvo en la Metro-Goldwyn-Mayer. Ya solamente por esa orgiástica y cinéfila manera de narrar la historia uno ya podría perdonar (si es que hay que hacerlo) ese mensaje pro natalidad tan asexuado y tan celestial.

    A favor: su arrollador y enciclopédico catálogo de estilos de animación.

    En contra: sí, es muy, muy conservadora.


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