Oso, separado y desahuciado, vive en una furgoneta en Barcelona mientras lucha por recuperar la custodia de su hija de cinco años. Su vida sin rumbo se convierte en una batalla constante por encontrar su lugar y no perder lo más importante para él.
¿Hasta qué punto merece la pena traicionar los propios ideales por un bien mayor? Esta es la pregunta que Frederica Montseny (1905-1994) tuvo que responderse a sí misma cuando, en plena Guerra Civil, aceptó la propuesta del presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República, Francisco Largo Caballero, y entró en el gobierno junto con otros compañeros anarco-sindicalistas, como Joan Peiró, Juan López y Joan Garcia i Oliver