Lo cierto es que en Disney no le dieron muchas vueltas a la historia de la película: quedaba lo suficientemente bien, así que Gary Trousdale y Kirk Wise tiraron con ello. ¡Y por el camino se llevó dos Óscars!
La historia original de La bella y la bestia, de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, no era la historia que Disney nos hizo creer. En el cuento original, lo que la Bestia le pide a Bella no es amor incondicional antes de que caiga el último pétalo de rosa, sino... que se acueste con él. Ella se niega una y otra vez, pero, al final, acepta casarse con él después de resucitarle y, por fin, se acuestan juntos. ¡Pero lo que la Bestia quería era solo el acto de dormir el uno al lado del otro, y es suficiente para convertirle en humano de nuevo! Ah, sí: además, resulta que Bella y Bestia son primos. ¡Ups!
Se oye una canción
En Disney decidieron que eso de acostarse entre primos no era buena idea (salvo en ciertas partes de Estados Unidos) y se tomaron todas las licencias posibles para convertir La bella y la bestia en una obra que todo el mundo adorase. De hecho, incluso cogieron ideas de la fantástica versión de Jean Cocteau de 1946. Y ni por esas, ni puliéndolo todo hasta el máximo, pudieron evitar meter la pata hasta el fondo.
Desde el mismísimo principio, la película cae en una incongruencia. Todos sabemos que Bestia debe conseguir el amor verdadero antes de cumplir los 21 años debido al hechizo de un hada a la que rechazó cuando fue a pedir cobijo en forma de anciana. Pero claro, si eso pasó once años antes, tal y como nos cuenta la película... ¿El Príncipe tenía 10 años cuando negó la entrada a la señora? ¿No es lo normal que hacen los niños? Y, sobre todo... Si tenía 10 años, ¿dónde estaban sus padres?
La historia real, fuera de vidrieras, indica que un niño de diez años huérfano que vivía en un castillo con sus sirvientes no dejó entrar a una anciana desconocida (que en realidad era un hada), y esta, como castigo, le convirtió en una bestia, y le obligó a encontrar el amor verdadero antes de cumplir 21 años. Hada, francamente, un poquito desproporcionado sí era el castigo, ¿no?