Ni siquiera los directores de las películas podían frenar a Wayne: él era el que controlaba los rodajes
Si a John Wayne le apodaban 'El Duque' no era por casualidad. El actor acostumbraba a controlar toda producción que protagonizara y se paseaba por el set de rodaje con una actitud arrogante, posiblemente alimentada por sus numerosos éxitos en taquilla. ¿Quién podía culparle por sentirse uno de los mejores cuando sus películas arrasaban entre el público?
Por supuesto, trabajar a su lado sin seguirle el rollo era prácticamente una pesadilla y puede dar buena cuenta de ello Howard Keel, actor que trabajó con Wayne en Ataque al carro blindado (1967). Era su primera experiencia con el legendario actor de 'western' y no estaba acostumbrado a ciertas posturas, así que cuando vio cómo se le echaba encima reaccionó radicalmente. Le tuvieron que parar los pies. Al fin y al cabo, nadie se arriesgaría a que Wayne recibiera un puñetazo en la cara.
"Le parto la cara a ese hijo de puta"
Oficialmente, Ataque al carro blindado estaba dirigida por Burt Kennedy, pero en la práctica era Wayne -que era productor a través de su compañía, Batjac- el que manejaba el cotarro. "Se sentía responsable de todo y se metía en todo. Lo ponía todo difícil", recordó Kennedy, según recoge Far-out.
Kirk Douglas también formaba parte del elenco y, a diferencia de Keel, conocía muy bien a Wayne, ya que había trabajado con él en Primera victoria (1965) y La sombra de un gigante (1966). Al ver que las cosas se calentaban, él y el director de fotografía William Clothier calmaron los ánimos. "Duque empezó a empujarlo, a agarrarlo, a mostrarle cómo interpretar la escena", recordó William Clothier, tal y como recoge Far-out. "Me acerqué a Keel y le dije: 'He visto tus reacciones'. Antes de que pudiera terminar, me dijo: 'Si me vuelve a poner las manos encima, le parto la cara a ese hijo de puta".
Por muy enfadado que estuviese, seguro que Keel agradeció esta intervención a la larga, ya que haber golpeado a Wayne le hubiese costado muy caro. El director admitió más tarde que el actor había sido "terco y obstinado". Vamos, que el ambiente de rodaje fue de todo menos agradable.
Por suerte para todos, la película funcionó muy bien y muchos la calificaron de "éxito arrollador" al recaudar nueve millones y medio de dólares. Las críticas también fueron muy buenas, destacando -como siempre- la de Roger Ebert: "un western filmado con un humor sutil y desenfadado. También supone un punto de inflexión para John Wayne, quien interpreta a un villano prácticamente por primera vez en su carrera".