Hace 63 años debutó en un programa de cámara oculta. Ahora es uno de los directores más polémicos de Hollywood. ¿Le reconoces?
Randy Meeks
-Redactor de cine y series
Juntaletras acomodado, redactor con gato eterno en las piernas, tuitero irredento, millennial orgulloso a su pesar. Respira cine, cree que no hay película mejor que 'El crepúsculo de los dioses' pero en su colección de Blu-Ray no falta 'Super Mario Bros'. La de los 90.

Por aquel entonces, los humoristas hacían sus propias bromas en los programas de cámara oculta, pero nadie esperaba que aquel actor con gafas que se había hecho famoso vendiendo chistes al por mayor acabara siendo una estrella.

Quien fuera a la escuela con Allan Stewart Konigsberg probablemente no le reconozcan hoy en día: era excelente jugando a béisbol y haciendo trucos de magia, pero no tanto para los estudios. A los 15 años empezó a escribir chistes, y a ganar más dinero que sus padres: a los 17, decidido a hacer carrera, se cambió el nombre al que ahora conocemos: Woody Allen. A partir de ahí le llovió la fama haciendo guiones para Ed Sullivan, Herb Shriner, Sid Caesar, Mel Brooks o Neil Simon. Era tan bueno que en 1962 escribió, aproximadamente, 20.000 chistes. ¡54 al día! Si crees que parece fácil, te invito a intentarlo.

¿Qué hay de nuevo?

En 1963, mientras se abría paso en las salas de stand-up de Nueva York, Allen apareció por primera vez delante de una cámara en un programa de cámara oculta que duró desde 1948 hasta 2014 y que marcó las normas del subgénero: Candid Camera. De hecho, fue tan fundacional que incluso empezó a emitirse como programa de radio, Candid Microphone. Woody fue, durante ese año, el gancho y origen de alguna de las bromas, como una en la que dictaba una carta inapropiada para el trabajo u otra en la que daba la bienvenida a unos pasajeros aleatorios con un desfile y dándoles la llave de la ciudad.

Su trabajo en Candid Camera no duró, porque pronto empezó a hacerse más conocido gracias a sus apariciones en televisión, que culminaron en la venta de su primer guion para cine, ¿Qué tal, Pussycat?, que en un principio iba a protagonizar Warren Beatty. Allen aceptó 30.000 dólares por el guion a cambio de que pudiera salir en la película, y una vez aceptada la condición, en continuas reescrituras su papel empezó a crecer y crecer, mientras que el personaje de Beatty no paraba de empequeñecer. Al final, este, enfurecido, se fue de la película y fue sustituido por Peter O'Toole.

Si tienes curiosidad, por cierto, es bastante mala. El año siguiente, Allen dirigiría por fin su primera película, aunque realmente es una especie de Retrospecter de una película japonesa anterior redoblada y reeditada para darle un sentido cómico (aunque, todo sea dicho, originalmente ya era una parodia). No es que Lily, la tigresa sea muy buena, pero la hizo por menos de 400.000 dólares. Poco más se podía pedir al inicio oficial de una de las carreras más amplias (y polémicas) de la historia de Hollywood.

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