Trabajó en una estación petrolífera y ahorró 23.000 dólares para poder hacer una película: ahora es uno de los mejores cineastas americanos
Pedro Gallego
-Redactor de cine y series
Periodista cultural con varios años de experiencia con especial interés en el cine y las series. Busca las mejores recomendaciones para ver en las diferentes plataformas de streaming.

No todos los caminos tradicionales llevan a Hollywood o a ser una leyenda del cine

La leyenda de Hollywod ha instaurado en la mente de muchos de que hay que seguir el mismo camino para poder dedicarse al cine, moviéndose en los mismos círculos y estudiando las mismas cosas. Pero los caminos alternativos también permiten llegar al cine y convertirse en una leyenda en el proceso.

Aunque el cine no estaba realmente en las prioridades de Richard Linklater. En la universidad, a la que accedió con una beca por enrolarse en el equipo universitario de beisbol, optó por estudiar escritura y dramaturgia. Cuando tuvo que retirarse del deporte por un problema cardiaco, puso su empeño en querer ser escritor, fuese novelista o de teatro.

Pero los ritmos y la rigidez de la academia no encajaban con él. Se fue de la universidad sin terminar sus estudios ni graduarse, pasando en su lugar a buscar trabajos precarios con los que sobrevivir hasta que decidiese su camino. Durante largo tiempo estuvo trabajando en una estación petrolífera en el Golfo de México, periodo en el cuál empezó a desarrollar pasión por el cine, yendo varias veces al día cuando tenía tiempo.

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Viviendo en Austin desarrolló una fuerte pasión por los clásicos y por el cine europeo que se proyectaba de vez en cuando. Para poder garantizar la llegada de esta clase de cine, e incluso incentivar el interés en la zona, fundó junto a un grupo de maestros suyos y otros cinéfilos la Austin Film Society, que buscaba también abrir vías para que otros pudiesen dedicarse al cine.

Linklater puso vario del dinero que tenía ahorrado de su trabajo para hacer su primera película, un film pequeño y experimental llamado It's Impossible to Learn to Plow by Reading Books que grabó con una Super 8 y protagonizó él mismo. Se gastó 3.000 dólares para hacerla, aunque no llegó a ningún lado porque no encontraba manera de distribuirla. Sus métodos poco convencionales para hacerla fueron también un impedimento para tener alcance.

En su segunda película, que costaría 23.000 dólares, intentó mantener su manera libre de rodar y descubrir poco convencional, aunque intentando que la película llegase más lejos. Slacker se rodó con sus ahorros, y préstamos de familiares y amigos. Linklater también usó crédito que tenía acumulado de una gasolinera para pagar la alimentación del reparto y el equipo. También consiguieron equipamiento profesional para rodar en 16mm de cogerlo prestado de una estación de televisión local.

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Slacker logró ser terminada, aunque inicialmente no consiguió moverse más allá de proyecciones organizadas por la propia Austin Film Society. Pero la reputación fue creciendo en el circuito independiente americano, y finalmente una distribuidora profesional como Orion adquirió los derechos para estrenar la película en todo el país. La película recaudó 1,2 millones de dólares, nada especialmente significativo pero suficiente para cubrir costes. Además, puso el nombre de Linklater en el mapa, que pasó a trabajar con Hollywood en su siguiente película Movida del 76 y, desde ahí, se convirtió en uno de los mejores cineastas del país.

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