"Los animales se han convertido en entes abstractos de la BBC": 'Evolution' habla de naturaleza, padres divorciados y rabia adolescente
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

Julio Soto Gurpide y Zayra Muñonz Domínguez dirigen la nueva película española de animación de la cartelera. Llega a los cines españoles el 6 de febrero, pero tiene proyección internacional

Si ya tienes hijos, especialmente si los tienes en una gran ciudad, te habrás dado cuenta de que su relación con la naturaleza no es la misma que la nuestra. Nosotros aún crecimos con algún que otro saltamontes en el descampado de al lado del colegio y escuchando los grillos en las noches de verano en el pueblo. Ahora hay demasiado asfalto. Ni siquiera en los parques actuales encuentras fauna. Es todo goma y plástico, que puede estar genial para la seguridad de los pequeños pero hace que la distancia con lo natural sea más grande que nunca.

Esa idea rondaba la cabeza de Julio Soto Gurpide, director de películas de animación como Deep o Inspector Sun y la maldición de la viuda negra, cuando un día tuvo un sueño. En él aparecía una niña en el Ártico que era capaz de hablar con los animales. "Me desperté y pensé: “Ostras, aquí se están juntando mi infancia y mi etapa adulta, me están diciendo algo. Tengo que hacer algo con este tema", comenta Soto Gurpide en una entrevista con SensaCine.

Fruto de esas semillas nace Evolution, una película de animación que dirige junto a Zayra Muñoz Domínguez. La protagonista es Zoe, una adolescente que entra en contacto con una sustancia alienígena desconocida y, de repente, puede hablar con sus peculiares mascotas. Aunque este es el eje de la historia, lo que le rodea es la relación de Zoe con sus padres, los cuales están separados y no prestan la atención suficiente a su hija. "En las películas de animación no se suele hablar de padres separados. Pero creemos que es algo que hay que empezar a normalizar. Hoy en día la mayoría de las parejas están separadas y eso no es ni mejor ni peor: tenemos la capacidad de llevarnos bien y hacerlo bien", cuenta el director.

Evolution tiene una mezcla de tonos que puede llegar a todos los miembros de la familia. No solo por los temas que trata, sino por los diálogos y el humor en ellos. "Nuestra película anterior, Deep, era un poco más infantil, y esta vez queríamos llegar a más público. La historia se prestaba: los padres, el mensaje medioambiental, la unión familiar… Era una buena oportunidad para hablarle a todo el mundo. Se trabajó mucho el guion y los diálogos para que todo el mundo pudiera sentirse identificado con algún personaje o situación, y creemos que lo hemos conseguido", señala Muñoz Domínguez.

Esta nueva producción de The Thinklab sigue la estela, como decimos, de Deep e Inspector Sun, dos cintas para la familia que tuvieron mucha repercusión internacional. La animación es un género muy flexible para llegar a públicos de todas partes del mundo y el mensaje internacional que manda Evolution la convierte en una candidata perfecta para ser adaptada a otros países. En España se estrena este 6 de febrero.

Si os parece, siempre empiezo las entrevistas por el principio. Hay historias cuyo origen sorprende mucho, así que me gustaría saber cómo surgió la idea de Evolution, cuál fue esa semilla de la que después creció la película.

Julio: Desde pequeño siempre me han encantado los animales y siempre me hubiera gustado poder comunicarme con ellos. Hace un tiempo tuve un sueño en el que veía a una niña que estaba en el Ártico y que era capaz de hablar con los animales. Me desperté y pensé: “Ostras, aquí se están juntando mi infancia y mi etapa adulta, me están diciendo algo. Tengo que hacer algo con este tema”.

Empezamos a darle vueltas a un guion que era muy diferente al actual: una niña que podía hablar con sus mascotas. A partir de ahí surgieron preguntas como qué nos contarían los animales si pudiéramos hablar con ellos. De esa idea inicial empezaron a aparecer muchas otras cuestiones que luego están en la película: la paternidad, la maternidad…

Hay algo que destaca mucho: la relación con la naturaleza. Desde prensa se insiste bastante en que queréis que los niños conecten más con ella. ¿Qué mensaje queréis que llegue al público, especialmente a los más pequeños?

Julio: En la casa de mis padres, que estaba en un descampado en una zona que se estaba urbanizando, había saltamontes, grillos, insectos… Todo eso ha ido desapareciendo. Y con ello también el contacto, no solo de los niños sino de todo el mundo, con la naturaleza.

Los animales se han convertido en entes abstractos que vemos en documentales de la BBC o en la televisión. Más allá de los zoológicos o de las cabritas en los parques infantiles de las afueras de Madrid, ya no hay mucho más. Y con eso también se pierde el interés por interactuar con la naturaleza y por entender quiénes son estos otros seres con los que compartimos el planeta.

Planteamos la idea de que nuestra composición genética está muy relacionada con la de otras especies, y que tenemos que hacer algo con ello. En la película, esa reflexión se traduce en la animalización de la protagonista.

La película muestra una familia muy reconocible hoy en día: padres separados, con poco tiempo, volcados en sus carreras. ¿Por qué quisisteis contar la familia principal de esta manera?

Julio: Fue una apuesta difícil, porque en las películas de animación no se suele hablar de padres separados. Pero creemos que es algo que hay que empezar a normalizar. Hoy en día la mayoría de las parejas están separadas y eso no es ni mejor ni peor: tenemos la capacidad de llevarnos bien y hacerlo bien.

La película habla de cómo nos estamos distanciando de nuestros hijos por nuestras ambiciones, por el acceso constante a las redes sociales, que nos tienen completamente ocupados con tonterías. Queremos mandarlos al colegio y que nos los devuelvan cuanto más tarde, mejor. Yo, como padre, me siento muy dentro de esa burbuja en la que vivimos.

Los niños lo echan en falta, y una de las maneras que tienen de decírnoslo es a través de la rabia y de procesos destructivos, que la protagonista expresa muy bien. Es víctima de dos padres súper ocupados: uno por trabajo y el otro por egoísmo. Todo eso tiene un impacto enorme en la educación y en la infancia, y la película intenta hablar de ello y, de alguna manera, ofrecer soluciones.

Pasando a la animación, llama mucho la atención la mezcla de técnicas. Aunque predomina un estilo, hay fragmentos que cambian claramente. ¿Cómo surgió esa decisión?

Zayra: En parte surgió porque había muchos momentos de interacción con pantallas. Queríamos distanciar lo que estaba ocurriendo en la película de lo que veían los animales. Además, Julio planteaba algo interesante: ¿cómo verían los animales en 3D lo que aparece en una pantalla? Igual no ven solo 3D, igual ven imagen real, animación 2D u otra cosa.

También fue una decisión narrativa. Hay momentos que se prestaban mucho a ese cambio de estilo, como la transformación de la protagonista o la historia de la evolución. Cambiar de técnica ayuda a que visualmente te quedes con esa escena. Y, por supuesto, también hubo una parte de optimización de recursos.

Julio: Siempre intentamos ponernos desde la perspectiva de los personajes. Es una especie de metalenguaje: ¿qué verían unos personajes en 3D en una pantalla? Probablemente animación 2D. Igual que nosotros, como humanos, vemos animación 3D. También nos preguntábamos qué haría un animal que de repente se humaniza. Lo más probable es que caiga en las mismas tonterías que los niños: comida basura, hiperconsumo, YouTube, TikTok… No iría corriendo al bosque a buscarse la vida. Iría a la vida fácil. Y eso es un poco lo que ocurre en la película. Siempre estamos jugando con ese cambio de punto de vista.

La película mezcla tonos: es claramente infantil, pero tiene diálogos y bromas pensadas para adultos. ¿Era esa vuestra intención?

Zayra: Sí, trabajamos mucho en eso. Nuestra película anterior, Deep, era un poco más infantil, y esta vez queríamos llegar a más público. La historia se prestaba: los padres, el mensaje medioambiental, la unión familiar… Era una buena oportunidad para hablarle a todo el mundo. Se trabajó mucho el guion y los diálogos para que todo el mundo pudiera sentirse identificado con algún personaje o situación, y creemos que lo hemos conseguido.

Julio: Hay muchísimo trabajo detrás de cada línea de guion. Intentamos que cada frase tenga peso en la historia, que no haya nada arbitrario ni gratuito. Ni siquiera un “hola” que no esté justificado. Trabajamos con dos guionistas a los que apreciamos mucho para reforzar el humor, sobre todo pensando en los padres. De hecho, cuando vimos la película en el cine, los padres se reían incluso más que los niños. Fue muy interesante verlo.

Vuestros trabajos anteriores han tenido mucha repercusión internacional. ¿Creéis que la animación tiene más alcance fuera que otros géneros?

Zayra: Yo creo que sí. Es un género que en todo el mundo estamos acostumbrados a ver. Yo soy mexicana, crecí en México, y aquí en España hablas de títulos de animación y todo el mundo ha visto lo mismo. Es una forma muy directa de conectar. Además, se dobla a muchos idiomas, llega a más familias y no depende tanto de códigos culturales específicos como puede pasar con la comedia o el drama. Es un lenguaje mucho más global.

Julio: La animación utiliza códigos muy universales. Además, al dirigirse a público familiar, se cuida mucho que no haya nada ofensivo, lo que facilita que funcione en países con más control cultural, como algunos países árabes o asiáticos. Eso no significa que sean películas vacías. Siempre queremos que tengan un mensaje. Desde Deep hasta Evolution, tratamos temas serios, pero desde el humor y sin aleccionar de forma pesada.

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