Estamos ante el clásico caso de "Si esto ocurriera, no habría película", pero realmente, en vez de grandes números musicales, ¿no sería más normal tener una solución práctica al problema de quedarse sin voz? Ariel, dale una vuelta
La historia original de La Sirenita era muy distinta a la que conocemos. En esencia es más o menos lo mismo, pero el príncipe decide casarse con otra mujer, y en el momento de su casamiento la sirena se convertiría en espuma de mar. La única solución: matarle y dejar que su sangre moje sus pies para convertirse en sirena de nuevo. Sin embargo, cuando se acerca a él y le ve dormido junto a su futura esposa, se niega a hacerlo y acaba ascendiendo a los cielos por sus buenas acciones. En Disney pensaron que, para no traumatizar a los niños, le iban a dar una vuelta. Y menos mal.
Ahora bésala
Originalmente estuvimos a punto de no ver La Sirenita porque, aunque Ron Clements y John Musker tenían muchas ganas de hacerla, en aquel momento el director de Disney, Jeffrey Katzenberg, creía que sería muy similar a una secuela de 1, 2, 3... ¡Splash!. Imagina haber perdido La Sirenita por culpa de Splash, otra vez. Obviamente, la película de dibujos animados se convirtió en un clásico, recaudó 235 millones de dólares (la sexta cinta más taquillera de 1989) y todos nos aprendimos sus canciones e interiorizamos la trama sin dudarlo un momento.
Y sin embargo, hay un agujero de guion del que nadie pareció darse cuenta (o todos pasamos por alto). Ariel queda muda tras su trato con Úrsula, sí, pero sabemos que puede escribir porque firma dicho contrato. Entonces... ¿Qué le impide, en la superficie, escribir en una nota de papel "Hola, soy quien te salvó aquel día, pero resulta que soy muda" y ahorrarse tantos sufrimientos? Sí, claro, nos habríamos quedado sin números musicales como Bésala, pero, a nivel narrativo, es, sin duda, infinitamente más sencillo.
También puede ser, como defienden algunos, que todo lo que supiera escribir fuera su nombre (no sería la única persona del mundo), o que su alfabeto no fuera el mismo que el que se usa en la superficie, ¡o siquiera que sepa leer! Al fin y al cabo, el papel se destruye bajo el mar. Son teorías válidas, pero si la vemos escribir, como poco hay una duda razonable. ¿Tiquismiquis... o agujero de guion?