Esta escena de 'Una mente maravillosa' existe tan solo en la mente de su protagonista, y no me había dado cuenta hasta ahora
Randy Meeks
-Redactor de cine y series
Juntaletras acomodado, redactor con gato eterno en las piernas, tuitero irredento, millennial orgulloso a su pesar. Respira cine, cree que no hay película mejor que 'El crepúsculo de los dioses' pero en su colección de Blu-Ray no falta 'Super Mario Bros'. La de los 90.

Lo que Ron Howard hizo con la vida de John Nash es absolutamente increíble. Falso también, en su gran mayoría, pero que la realidad no te quite una buena historia, ¿no? Y menos cuando tienes una escena magnífica en la cabeza.

John Forbes Nash estaba convencido de que la gente que llevaba corbatas rojas formaba parte de una secta "cripto-comunista" que conspiraba contra él. No sería raro, dado que envió varias cartas firmadas como "John Nash, presidente de la Antártida" a embajadas diciendo que establecía un nuevo gobierno. En 1964 empezó a escuchar voces, y empezó directamente a rechazarlas de manera consciente, después de varios periodos en hospitales mentales que le obligaron a ser más racional. Y todo esto, más o menos, lo plasmó Ron Howard en una de las películas más míticas de inicios de siglo: Una mente maravillosa.

Las palomas quietas

Originalmente, Howard no iba a contar la vida de John Nash, sino la de Michal Laudor. La película iba a llamarse Laws of Madness e incluso en 1995 compró los derechos de su vida para hacer una adaptación, con Brad Pitt como protagonista. Sin embargo, en plena pre-producción, Laudor mató a su prometida durante un episodio psicótico y, por lo que sea, decidieron romper con todo y cancelar la película inmediatamente.

Sea como fuere, el director tenía ante sí un gran dilema: ¿Cómo mostrar la paranoia de Nash sin que fuera obvia o incluso rechazada por el público? De la manera más sutil posible: cuando Marcee Herman, una de sus imaginaciones, jugaba con las palomas, para mostrar que todo era falso, ninguna de ellas salía volando con miedo. Si la niña no existe, no hay motivo para asustar a los pájaros (alrededor del 0:58 en el siguiente clip).

Una mente maravillosa, todo sea dicho, dulcifica enormemente al personaje principal: hace que tenga alucinaciones desde la escuela (aunque no las tuvo hasta años después), no menciona el hijo que tuvo con una enfermera que abandonó al enterarse del embarazo o el divorcio de Alicia en 1963. Acabaron sus días juntos, sí, pero no volvieron a salir hasta que ganó el premio Nobel en 1994. Cosas de los biopics de antaño.

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