Fernando Fernán Gómez hace 38 años en los Goya: "Todos sabemos que en España los premios no sirven para nada"
Amante de las series y gran aficionada al terror, la ciencia ficción, la crónica negra y el ‘true crime’.

Un divertido discurso, repleto de ingenio, ironía y mucho sentido del humor hacia los sabores y sinsabores del gremio que merece la pena recordar en el 40 aniversario de los galardones

Este sábado 28 de febrero se celebra la 40 edición de los Premios Goya. La gala de entrega de premios, presentada por Rigoberta Bandini y Luis Tosar, tendrá lugar en el Auditori del Centre de Convencions Internacionals de Barcelona, donde, como cada año desde la primera edición en 1987, se reúnen diversas personalidades del cine español para premiar los mejores trabajos de la industria cinematográfica del último año.

El 17 de marzo de 1987, en la primera edición de los Goya celebrada en el Teatro Lope de Vega presentada por Fernando Rey, la película ganadora fue El viaje a ninguna parte, del reputado actor y director Fernando Fernán Gómez, quien al año siguiente tuvo el honor de abrir la segunda edición de los Premios Goya, la primera celebrada en su clásica ubicación del Palacio de Congresos de Madrid.

Su divertido discurso, repleto de ingenio, ironía y mucho sentido del humor hacia los sabores y sinsabores del gremio, merece ser recordado también ahora, 38 años más tarde, recordando al que fuera el más grande actor español de todos los tiempos, fallecido en el año 2007.

"No sé yo si la entrega de unos trofeos debe ser motivo de celebración o más bien debería serlo de pésame, pues muchos más que los premiados son los que se quedarán sin galardón". Fernán Gómez reflexionaba sobre la naturaleza de los galardones, animando a los asistentes a ser partícipe de ello desde la camaradería y sin frustración.

"Así como hay quienes piensan que en las religiones espiritualistas los funerales deberían ser unas ceremonias alegres, algo semejante, pero al contrario, puede pensarse de las entregas de premios en un sistema democrático. Utilizarlas para un acto festivo y rimbombante quizá tenga un punto de humillación para los no premiados, que son la mayoría", ponía sobre la mesa el actor y director planteando una "especie de ceremonia triste" o una "gran fiesta de consolación".

"Si por allí afuera se estilan actos como este para celebrar las entregas de premios, ¿por qué no vamos a hacerlo nosotros?", se preguntaba en referencia a Estados Unidos y sus reputados Oscars antes de una maravillosa reflexión final. "De aquí saldremos esta noche poco más o menos el 0,8% de los asistentes con premio y el 99,2% sin premio, pero procuremos estar todos contentos y orgullosos. Porque al fin y al cabo los premiados son compañeros nuestros, y algunos incluso nos caen bien; contentos unos porque los premios ayudan y estimulan y dan prestigio y alegran a los amigos, y contentos otros porque, como todos sabemos, en España los premios no sirven para nada".

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