En 1976, Scorsese se atrevió a empujar los límites del cine: se la jugó, pero estrenó una obra maestra recordada 50 años después
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

1,3 millones y una Nueva York asfixiante: Cómo se gestó el descenso a los infiernos de Travis Bickle con un Robert De Niro en una época dorada

La icónica película Taxi Driver, un descenso a los infiernos de la Nueva York de 1975, sigue fascinando al mundo al revelarse las extremas y caóticas condiciones que rodearon su creación. Con un presupuesto oficial de apenas 1,3 millones de dólares, la obra maestra dirigida por Martin Scorsese empujó los límites del cine de la época y estuvo a punto de sufrir una letal censura comercial.

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El origen de la cinta está profundamente marcado por la tragedia personal de su guionista, Paul Schrader, quien escribió el libreto en menos de dos semanas mientras vivía en su propio coche, atravesando un doloroso divorcio y una gran crisis económica y emocional. Schrader utilizó la escritura como vía de escape, plasmando toda su soledad y asco en el texto para evitar que su cabeza colapsara por completo.

Para dar vida a este perturbado veterano de Vietnam, el actor Robert De Niro —que venía de ganar el Óscar por El Padrino II— llevó su preparación al extremo: obtuvo una licencia real de taxista y condujo jornadas de 12 horas al día por las zonas más conflictivas de una ciudad asfixiada por la delincuencia y las huelgas de basura. Fue precisamente su total inmersión en la psique de Travis Bickle lo que generó uno de los momentos más memorables de la historia del cine: la legendaria escena del espejo y la frase "¿Me estás hablando a mí?" fueron producto de una improvisación pura. En el guion original solo ponía "Travis se mira en el espejo", pero De Niro construyó la escena mientras Scorsese lo jaleaba sentado en el suelo, fuera de plano.

Desmontando el mito estadounidense del justiciero solitario

La producción también tuvo que lidiar con enormes polémicas y retos técnicos. Destacó especialmente el casting de Jodie Foster, quien con tan solo 12 años interpretó a Iris, una prostituta menor de edad. Su participación obligó al equipo a cumplir condiciones estrictas, como contar con la presencia de una trabajadora social en el set y utilizar a la hermana mayor de la actriz como doble para las escenas más violentas. Por otro lado, la brutalidad del clímax final amenazaba con otorgarle a la película una calificación X por parte de los censores; para evitar esta muerte comercial, Scorsese decidió desaturar el color de la sangre hasta volverla marrón, logrando irónicamente un efecto visual mucho más inquietante. El director incluso ordenó abrir un boquete en el techo del edificio para poder rodar el famoso plano cenital del final.

Más allá de sus proezas técnicas, los críticos apuntan hoy al enorme calado social del largometraje. Taxi Driver desmonta el mito estadounidense del justiciero solitario, retratando a un hombre con insomnio y un peligroso complejo de "macho alfa" que utiliza la violencia como único lenguaje tras volver de la guerra. El giro más perturbador de la historia llega al final, cuando la misma sociedad neoyorquina y la prensa deciden catalogar su masacre como un acto de "justicia" y lo elevan a la categoría de héroe, ignorando sus evidentes problemas de salud mental. Una película que, décadas después, sigue lanzando una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto es Travis Bickle el monstruo, y hasta qué punto es un síntoma del sistema que le pone medallas?.

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