El biógrafo ha dibujado una imagen diferente del actor 46 años después de su muerte: "Incluso a los liberales, les encantaba trabajar con él"
Hace 46 años que John Wayne, la más mítica estrella del cine del Oeste, falleció a consecuencia del cáncer que padecía. Ocurrió en 1979, poco después de su última aparición pública entregando un premio en la edición de los Oscar de aquel año, y su última película, El último pistolero, se había estrenado tres años antes, en 1976, sin saber que la primera película de Star Wars, La guerra de las galaxias, utilizaría su voz a título póstumo y se convertiría, de algún modo puesto que no le fue acreditada, en su última aparición en pantalla.
Casi medio siglo después de su muerte, el intérprete sigue siendo una auténtica leyenda de Hollywood y manteniendo un récord que hasta la fecha ningún otro actor ha conseguido arrebatarle: ser el intérprete con mayor número de papeles protagonistas en la historia. A lo largo de este tiempo, se han publicado varias biografías sobre la estrella del cine wéstern y muchos de los que tuvieron la oportunidad de cruzarse en su camino han compartido diversas anécdotas sobre su forma de ser.
Y así es como se acabaría construyendo el mito de John Wayne: un actor con talento que se tomaba su trabajo muy en serio, con una afición poco saludable al alcohol, una actitud ruda y desagradable y una postura política absolutamente conservadora que en ocasiones le había empujado a no tener pudor a la hora de hacer declaraciones públicas profundamente racistas.
Sin embargo, el biógrafo profesional Scott Eyman, autor de la biografía John Wayne: The Life and Legend de 2014, ha asegurado en una reciente entrevista con Woman's World que la forma de ser de John Wayne no siempre se correspondía con la imagen que perduraría sobre él en el imaginario colectivo.
Eyman conoció a John Wayne mucho antes de publicar la biografía, pero el encuentro le marcó lo suficiente como para tener claro que un día querría hacerlo. Se cruzó en el camino de la estrella en 1972, cuando tenía 21 años pero ya tenía claro que quería escribir de cine. Escribió cartas a varios veteranos de Hollywood para poder entrevistarles y John Wayne le permitió visitarle en su camerino durante un rodaje.
"Si no lo hubiera conocido, probablemente no habría escrito el libro. Durante las dos horas que pasé conversando con él, descubrí una interesante brecha entre quién era como persona y el personaje que interpretaba. No era una coincidencia absoluta —sin duda había cierta superposición—, pero era mucho más reflexivo como persona que su personaje en la pantalla. Era mucho más contemplativo que sus personajes. Su lenguaje corporal era diferente en persona que en la pantalla".
Así que existían todas estas interesantes diferencias entre lo que hacía, lo que el público pensaba de él y quién era realmente
El encuentro al final fue largo, pero fue la razón lo que sorprendió a Eyman: como a John Wayne no le gustaba estar solo, pasó el momento de descanso en su totalidad con él: "Lo que yo no sabía era que odiaba estar solo. Le gustaba tener gente a su alrededor, y parte del trabajo de Mary St. John [su secretaria] era llenar su día para que no estuviera solo en su camerino. La mayoría de los actores no quieren que el público se les acerque, pero él hablaba con casi cualquiera antes que estar solo". Un hecho que contrastaba claramente son su imagen de hombre reservado e intimidante.
Además, el biógrafo señala que, a pesar de las ideas políticas de Wayne, "a la mayoría de la gente, incluso a los liberales, les encantaba trabajar con él, porque era un actor muy bueno y trabajaba duro". En cualquier caso, nadie puede borrar algunos de sus más desagradables comentarios que le brindaron su fama.