El dos veces ganador del Goya creció en Galicia, pero se trasladó a la capital con 18 años persiguiendo su sueño de ser actor
Javier Gutiérrez, ganador de dos premios Goya, nació en una pequeña localidad asturiana llamada Luanco, pero cuando solo tenía un año se trasladó a Ferrol, Galicia, junto a su familia y allí fue donde se crió y empezó su pasión por el teatro. A los 18 años, se trasladó a Madrid para iniciar sus estudios de interpretación y, desde entonces, ha vivido en la capital.
Sin embargo, aunque Javier Gutiérrez se define como un "gran amante" de esta ciudad, reconoce que "vivir en Madrid en los últimos tiempos se está convirtiendo para mí en algo hostil". Lo hace en una extensa entrevista con Esquire, concedida con motivo del estreno de la película de Daniel Sánchez Arévalo Rondallas, en la que interpreta al superviviente de un barco pesquero de una pequeña localidad gallega que trata de resucitar la rondalla local. "Llegué con 18 años y siempre he presumido de lo acogedora que es [Madrid] y de que nadie se siente extraño en esta ciudad", asegura el actor. "Pero de repente echo en falta (o me descubro pensando en) mi infancia y en el modo de vida de entonces: pertenencia a un lugar, tribu, comunidad, que es de lo que habla la peli [Rondallas]. Poco a poco me apetece, y fantaseo, vivir en lugares más pequeños".
Gutiérrez echa de menos esa conexión social, en la que los vecinos te conocen y todo está conectado: "Eso está desapareciendo en las grandes ciudades". Lamenta profundamente, también la situación de la vivienda que se está experimentando en Madrid: "En ciudades como Málaga, Valencia o Bilbao la gentrificación sigue creciendo, pero es que lo de Madrid ya es insostenible. Vivo en una finca de 90 vecinos y más de la mitad ya son apartamentos vacacionales".
Puede que en cinco años quedemos cuatro o cinco propietarios. Es una auténtica desgracia para un modo de vida que hace unos años disfrutábamos y que hoy es impensable sostener
Ahora, Gutiérrez se escapa siempre que puede de una casa familiar en la sierra, donde puede sentir esa "unión" que añora, aunque sigue manteniendo grandes recuerdos de la ciudad en la que comenzó a construir su sueño, cumplido, de ser actor.
"Si miro atrás, con 18 años me veo en la Gran Vía (cuando todavía había cines) mirando carteles y luces de neón, soñando con ser actor (que no con hacer una película)", recordaba el actor en la entrevista. "Cuando llegué a Madrid iba a casi todos los teatros; la primera vez fue en el Teatro Español, en el gallinero: 150 pesetas me costó. Vi a José María Rodero en Las mocedades del Cid. El espectáculo me pareció un peñazo, pero verlo en acción y ser espectador de esa experiencia en vivo me marcó. Años después, fui protagonista en ese mismo escenario en un espectáculo de Sergio Peris-Mencheta, y cada noche miraba la butaca donde, supuestamente, me senté con 18 años".