Es la mejor película de Michael Bay sin duda alguna, pero además se dice que Connery sabía perfectamente que su personaje, por más que tuviera otro nombre, era el mismísimo Bond. Y no importa lo que digan sus responsables, porque está claro
En 1971, Sean Connery se despidió por segunda vez de James Bond con Diamantes para la eternidad. Después de que George Lazenby solo hiciera una película como el agente, el mítico actor volvió a coger la pistola una vez más, prometiendo que no volvería a hacer de 007 "nunca jamás". ¿Y qué pasó? Que en 1983 volvió a la carga con Nunca digas nunca jamás, ahora sí, su final definitivo a Bond en una película que ahora se considera no oficial. ¿O quizá no fue tan definitivo?
Duro como una roca
13 años después de esta aparición, Michael Bay decidió darle un personaje que se convertiría en mítico: John Mason, un antiguo agente del MI6 británico y el único hombre que ha escapado de Alcatraz después de robar un microfilm con información clasificada de Estados Unidos. Y aunque de La Roca todos recordamos las caras de Nicolas Cage, sus escenas de acción fantásticas y la música pegadiza de Hans Zimmer, lo cierto es que quizá deberíamos fijarnos en otra cosa: la versión futura de James Bond.
Hay una teoría fan que lo tiene clarísimo, y es difícil de refutar: no solo es un agente del MI6 que realmente es un fantasma para los gobiernos del mundo. Además es una persona imparable, capaz de acabar con todo el que se ponga a su paso y que puede escapar de Alcatraz con vida por segunda vez, repleto de trucos y entrenamiento, pero sin identidad propia. ¿Aún crees que no tiene nada que ver con 007?
Es más: su hija es fruto de un lío de una noche, algo muy típico del agente. Y, cuando la película empieza, lleva casi 30 años metido en la cárcel, haciendo que el tiempo coincida con la última película oficial (o sea, de EON) de Bond en la que apareció, Diamantes para la eternidad. ¿Ha estado encerrado desde entonces? En esta película no tiene a M ni a Q, pero sí su capacidad para sobrevivir. Y, qué demonios, solo hay que ver a Connery y su actuación para adivinar que esa sonrisa es la misma que la de sus películas como el agente.
Jerry Bruckheimer ha dicho a posteriori que nunca llegaron a esa conexión y que forma todo parte de la mente de los fans, pero sería un final perfecto a sus aventuras (mejor incluso que el de Sin tiempo para morir). Es imposible saber cómo lo pensó Connery, pero es más divertido pensar que desde el principio se imaginó, una vez más, con un Martini mezclado, no agitado.