El actor había adquirido una amplia reputación, pero el cine le cambió la vida
Los talentos precoces son los que llaman mucho la atención, y suelen ponerse como ejemplos inspiradores. Porque resulta bastante impresionante que con menos de 30 años alguien como Steven Spielberg lograse clásicos indudables de la historia del cine. No quiere decir, eso sí, que sólo se pueda triunfar de joven.
No se resaltan demasiados ejemplos de lo contrario, alguien que ya ha tenido una prolífica trayectoria pero la popularidad masiva le llega bastante tarde. Gente con varias décadas de edad y de trabajo al que se le juntan un par de trabajos importantes y le cambia la vida para siempre a ojos del público.
Un cambio tardío
Le pasó a Ian McKellen, uno de esos actores que ha estado ejerciendo el oficio durante muchos años, sobre todo en las tablas de un escenario. El inglés ha estado en Broadway, en el West End y ha recorrido todo el mundo antes de alcanzar una fama bastante mundial gracias a roles como el de Magneto en la saga X-Men y como Gandalf en El señor de los anillos.
Así se lo intenta recordar a los actores jóvenes cada vez que le hablan y le piden consejo. Hablando con Los Angeles Times en una entrevista reciente, McKellen se ha encargado de señalar cómo “no fui Magneto hasta que cumplí 60 años”, y fue papeles que le llegaron tras ganar el Oscar en 1999 por Dioses y Monstruos.
Ian McKellen lleva 74 años interpretando obras de Shakespeare, pero no entiende 'Hamnet': "Creo que hay algunas dudas sobre la probabilidad"Fueron papeles sostenidos en su veteranía y una presencia aprendida durante años. La popularidad de estas franquicias transformaron su carrera, volviéndole ya una persona inmediatamente reconocible por varias generaciones. McKellen trata de poner su caso como ejemplo de que la vida no se acaba a los 30 para un intérprete, y que el cine te puede cambiar la vida para siempre.