Tercer día desde el Festival de Sitges 2026 y toca adentrarnos en esta historia inteligentemente escrita por Louis Paxton
Llegar a Sitges también es recibir una ola de cariño que os juro que me cuesta muchísimo asimilar. Estoy muy cansado, no os voy a engañar, pero tremendamente feliz. La gente te para, te saluda y te regala cosas preciosas. Diana y Rodrigo me entregaron un dibujo maravilloso; otro compañero me regaló el libro El rey de Varsovia de Szczepan Twardoch diciéndome que era como una mezcla entre Scorsese y Coppola; y además me llevo una edición increíble sobre la película Mandy.
Pero si algo ha marcado a fuego mi experiencia en este festival ha sido el día de ayer. Un día que jamás olvidaré y que me resulta imposible expresar del todo con palabras. Mi compañera Verónica y yo, acompañados de mi familia, mi mujer, mis hijos y mi madre, presentamos en pantalla grande los tres primeros episodios de nuestro nuevo proyecto de videoensayos: ¿Qué es el cine?.
Hemos estado trabajando durísimo todo este año para sacar adelante esta serie que constará de 10 u 11 capítulos y que se publicará oficialmente en enero. Es un proyecto concebido como un puzle, un juego, un laberinto en nuestro rollo donde exploramos distintos hitos de la historia del cine para entender por qué las películas son tan fundamentales en este mundo extraño en el que vivimos. Que un festival de la talla de Sitges haya elegido proyectar en sala unos vídeos pensados para YouTube ya era algo de locos. Además, pudimos sortear unas camisetas estupendas hechas por la casa Annexia entre los asistentes. Sin embargo, la reacción del público tras la proyección de hora y media superó cualquier expectativa. Fue uno de los días más felices de mi vida. Algo que solo nos obliga, nos empuja y nos ilusiona para seguir construyendo cinefilia y compartiendo este amor por el séptimo arte.
'The Incomer': el gran descubrimiento escocés de Louis Paxton
Entre todas las películas que he estado devorando en el festival -donde también me fascinó Karma de Guillaume Senez, un policiaco francés impecable y sombrío-, el corazón me tira de forma irremediable hacia The Incomer. Dirigida por el cineasta escocés Louis Paxton -nacido en Edimburgo, creo que en 1986 o 1987-, la película llega a Sitges tras ser premiada en el Festival de Sundance.
The Incomer nos traslada a un islote remoto de Escocia donde dos hermanos llevan 30 años viviendo completamente aislados del mundo, con la única compañía de las gaviotas. Entre ellos se ha establecido una dinámica social que recuerda inevitablemente a Canino de Yorgos Lanthimos, pero con una diferencia sustancial: aquí no hay odio, sino un amor incondicional. Se meten unas tundas físicas delirantes y violentas, pero son dos personajes infinitamente simpáticos y entrañables, interpretados de manera soberbia por Gayle Rankin y Lorn Macdonald.
Ella mantiene conversaciones surrealistas con el Señor Aleta, un monstruo marino imaginario que intenta convencerla de que se bañe en el mar, aunque ninguno de los dos hermanos sabe nadar a pesar de vivir rodeados de agua. El hermano es un niño grande aún más excéntrico. Ambos comparten un pánico atroz a tres cosas: el agua, las gaviotas y, por encima de todo, los 'incomers', esa gente que viene de fuera, de la tierra firme o la gran ciudad, a quienes ven como una amenaza absoluta.
Entre el folk horror, la comedia satírica y la necesidad de afecto
La chispa narrativa salta cuando irrumpe en la isla un agente inmobiliario interpretado por el genial Domhnall Gleeson. Su misión es expropiar la casa y desalojar a los hermanos para llevarlos a la ciudad, tocando de lleno un tema de rabiosa y lamentable actualidad. Lo fascinante y cómico del asunto es la ironía del personaje: intenta venderles una vida feliz en el continente cuando él mismo es un tipo profundamente triste, solo y desdichado.
A partir de ahí, la película se desata en un cruce delicioso entre el folk horror y la comedia absurda, repleta de situaciones enloquecidas. Pero más allá de las risas y los estallidos de violencia física, lo que Louis Paxton retrata con enorme inteligencia es que, sin importar lo raros o aislados que hayamos crecido, todos los seres humanos compartimos la misma necesidad básica: encontrar amistad, comprensión, cariño y amor.
En una sociedad actual donde la gente parece siempre enfadada -a menudo avivada por redes sociales como Facebook, culpable como dije en mi crítica de El precio de la red de gran parte de los males de nuestro mundo-, The Incomer nos regala una lección de humanidad emocionante y preciosa. Una película inteligentísima, cuidada en todos sus aspectos, que se convierte en uno de mis grandes descubrimientos de este año.