Por mucho que Peter Jackson quisiera un rodaje sin mayores complicaciones, John Rhys-Davies estuvo a punto de jugarse la visión por hacer a su personaje... y, ya de paso, de pegar a los especialistas sin querer.
El rodaje de El señor de los anillos duró 438 días ininterrumpidos, que se dice pronto: aunque Peter Jackson esperaba crear una gran familia y rodar todo como estaba establecido, una trilogía de estas características iba a entrañar complicaciones de las que nadie se había percatado. Al fin y al cabo, si cualquier rodaje tiene momentos de caos aunque sea una pequeña película indie, ¡imagina en la obra más gigantesca de la historia del cine!
Una ceguera para pegarlos a todos
Por ejemplo, nadie esperaba que John Rhys-Davies, que interpreta al bueno de Gimli, estuviera a punto de quedarse ciego por culpa del eccema que le provocaba el látex y el pegamento de las prótesis faciales de su personaje. De hecho, le inflamaba tanto la cara y los párpados que llegó a quedarse sin visión lateral y reduciendo su campo de visión a absolutamente nada. En las escenas dialogadas no había mayor problema, pero... ¿Qué ocurre con las de pelea?
Pues, viendo que no iba a poder solucionar el problema, el actor llegó a un pacto con los especialistas a los que tenía que atacar: les preguntaba cuántos iban a por él y coreografiaban la escena ("Tú ven hacia mí y te doy con el hacha. Luego viene el siguiente y le doy..."). De hecho, si te fijas en la película, las reacciones de pánico de los rivales de Gimli son totalmente reales, porque no sabían dónde iba a apuntar el hacha.
Cuando los especialistas le pidieron que intentara no pegarles de verdad, pero que no había problema si les daba, Rhys-Davies entendió que tenía barra libre, y acabó sacudiendo golpes reales a mansalva entre tomas. Peter Jackson, eso sí, acabó encantado: ¡Nunca había siquiera soñado con tanta realidad y tanta ferocidad en un combate!