Una de las series mexicanas más longevas acaba de alcanzar la mayoría de edad, pero sigue siendo muy querida por los espectadores
En tiempos en los que el número de ficciones televisivas que se producen cada año no dejan de aumentar, cada vez son más los espectadores que agradecen que entre ellas haya el mayor número de miniseries. Ficciones cortas y autoconclusivas que no se sumen a la lista de series que ya estamos siguiendo y cuyas siguientes temporadas se conviertan en más tarea pendiente. Sin embargo, incluso en este escenario de opciones ilimitadas hay series que siguen sobreviviendo a las nuevas formas de consumo de entretenimiento televisivo contra todo pronóstico.
Series tan longevas como Los Simpson o Anatomía de Grey que siguen siendo pilares de ficción de sus respectivas cadenas aunque hayan perdido a una gran parte de la audiencia, o las series diarias que se benefician de lo relajante y satisfactorio que puede ser una buena rutina: series que no fallan a su sólida base de fans y cada día encontramos en el mismo sitio y a la misma hora.
Y precisamente ahora, en México, una de estas series con la capacidad de sobrevivir a los cambios que ha provocado la llegada del 'streaming' acaba de llegar a su mayoría de edad: La Rosa de Guadalupe, una producción que probablemente cualquier mexicano ha visto -o como mínimo escuchado hablar de ella- al menos una vez en la vida.
Emitida por primera vez en Televisa el 5 de febrero de 2008, La Rosa de Guadalupe no ha dejado de emitirse desde entonces, pasando por varias generaciones y convirtiéndose en una de las más reconocibles de la televisión mexicana.
Así, este 2026 la serie ha cumplido la mayoría de edad, con 18 años en antena en los que ha estrenado nada más y nada menos que 19 temporadas y ya supera los 2.300 episodios emitidos que la convierten en una de las series mexicanas más extensas.
Y el número promete seguir creciendo.
Como señalan nuestros compañeros de SensaCine México, La Rosa de Guadalupe ha conseguido convertirse en la serie que nunca pasa de moda porque se trata de una propuesta de lo más sostenible en el tiempo: creada por Carlos Mercado Orduña, la ficción siempre fue planteada desde el inicio como una serie antológica, en la que cada capítulo sigue un conflicto y personajes diferentes.
Lo que sí tienen en común todos los capítulos de La Rosa de Guadalupe es que al final cada episodio concluye con una resolución o lección liderada por la fe hacía la Virgen de Guadalupe que se representa con una rosa blanca y una música de fondo acompañada de una corriente de aire que cualquier mexicano podría reconocer.
Aunque al principio La Rosa de Guadalupe conectó más con la audiencia católica y creyente debido a su base de valores católicos, con el paso del tiempo ha ido ganando un mayor espacio, ya que sus temas cotidianos y actuales -a menudo problemáticas cercanas y reales como la familia, el trabajo, la escuela, el amor o la amistad- han conseguido resonar con la sociedad mexicana en general.