Lo de convertir en dulce siempre sonó bastante raro, y no es que Toriyama fuera un glotón. De hecho, toda la trama de este enemigo se basó en uno de sus editores que aprovechaba las reuniones para ponerse como el quico.
En su momento, todos los niños de los 90 escuchamos el mismo rumor: Akira Toriyama querría haber terminado Dragon Ball Z tras la saga de Célula, pero le obligaron a seguir con otra más. Sin embargo, nada sustenta esa afirmación: sí, es probable que continuara en piloto automático, pero aparentemente nadie le forzó a hacer una nueva saga de cientos de episodios. De hecho, fue él mismo quien decidió que Gohan no podía ser el héroe final, así que volvió a traer a Goku tras sacrificarse en la saga anterior.
¡Te convertiré en chocolate!
La idea de Akira Toriyama a la hora de crear a Boo, el monstruo final y gran villano de Dragon Ball Z, era hacer un personaje que no se pareciera en nada a los anteriores. En este caso era un monstruo rosa, gigante y más o menos inocentón, que convertía a la gente en dulce para comérsela después, sin entender que eso es algo malo (lo consigue comprender gracias a Mr. Satán, el verdadero héroe de estos capítulos finales).
Lo curioso es que la idea de convertir a sus enemigos en dulces estaba inspirada en su editor en aquel momento, Fuyuto Takeda. Takeda solía ir a su casa varias veces al mes, y lo hacía acompañado de dulces de todo tipo, desde galletas hasta bombones, que la esposa de Toriyama servía mientras conversaban. ¿Qué pasaba? Que el mangaka, tremendamente tímido, apenas probaba los dulces... y su editor se los acababa comiendo todos.
De esta anécdota nació Boo, con un apetito insaciable. O eso es lo que nos dice la historia, porque lo cierto es que años después Toriyama lo negó todo, afirmando que no basaría nunca a un villano en la personalidad de un editor... aunque puede que se colase sin querer. ¡Cosas que pasan en la cabeza de un genio!