'El castillo', un 'thriller' policial sobre el auge de la mafia proxeneta en España, retrata el mundo de la prostitución en España. "Es realmente aterrador", afirma Eduardo Villanueva, cocreador de la ficción junto a Isabel Peña
"Con lo que yo les admiro. Quiero dirigir lo que han escrito ellos. Me parece fascinante, pero justamente esto...". Eso es lo que se le pasó por la cabeza a Elena Martín cuando Isabel Peña la llamó para colocarse detrás de las cámaras de su nuevo proyecto. La serie, coescrita junto a Eduardo Villanueva, se proponía contar el auge de la mafia proxeneta en España. Y, para eso, hay que retratar el mundo de la prostitución. Eso supuso a Martín muchos retos, pero el más grande era poner por imágenes ese mundo. "Estamos inundadas de tantísimas imágenes de violencia contra las mujeres, y una serie sobre la trata ya es intrínsecamente violenta", explica la directora a SensaCine en el Festival de Cine de San Sebastián. "¿Cómo lo hago para retratar todo esto y no generar más imágenes traumatizantes en el imaginario?".
Martín encontró la solución. La respuesta a la pregunta se estrena el 8 de octubre en Movistar Plus con el título El castillo. Los seis episodios de los que consta son el resultado del interés de Peña y Villanueva por este universo y de cruzarse con el libro El proxeneta de Mabel Lozano. "Sentimos un poco la necesidad de compartir esto que nos estaba pasando a nosotros: que, por primera vez, estábamos poniendo la mirada en algo que está a la vista de todos nosotros, pero que, sin embargo, nunca te detienes a mirar", recuerda Villanueva. "Es realmente aterrador".
Hace 27 años se empezó a construir el primer macroburdel en España: 'El castillo': un 'thriller' policial sobre el auge de la mafia proxeneta | San Sebastián 2026El castillo se ambienta en 1999, año en el que se empezó a construir el primer macroburdel en España. La narración se ancla en tres puntos de vista. Por un lado, el de los proxenetas, liderados por Suizo, personaje interpretado por Raúl Arévalo. Por otro, el de Claudia, una mujer prostituida a la que da vida Valentina Vidal. Por último, Elías, policía de la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales), interpretado por Omar Ayuso, y con el objetivo de desarticular estas redes.
Sentimos un poco la necesidad de compartir esto que nos estaba pasando a nosotros: que, por primera vez, estábamos poniendo la mirada en algo que está a la vista de todos nosotros, pero que, sin embargo, nunca te detienes a mirar
Cuando Peña y Villanueva empezaron a escribir El castillo, todo estaba centrado en el proxeneta, pero aquellos a los que les enseñaron el proyecto opinaban, como apunta la creadora, que era "demasiado oscuro, demasiado duro y demasiado arisco". Les costó, pero se dieron cuenta de que necesitaban que entrara un poco de aire en el relato. Y ahí aparecieron Claudia y Elías. "Creíamos que Claudia nos iba a dar toda la emoción y toda la dureza de su viaje, pero con mucha emoción, y que Elías nos iba a permitir ir de la mano con él para, a la vez que él, ir descubriendo este mundo. Él era un poco los ojos del espectador", explica Peña.
Contar en imágenes la prostitución
Sus creadores no lo sabían, pero habían construido un reto para Martín. De nuevo: ¿cómo mostrar la prostitución sin crear más violencia contra las mujeres? La solución fue rápida. Estaba en gran parte en los guiones. "Isa me dijo: 'Es que justamente hemos estado trabajando lo mismo en el guion. Estamos alineadas en esto", afirma la directora.
En el libreto ya había una decisión: no se iba a ver el cuerpo de la mujer. Peña y Villanueva proponían que, en las escenas de sexo, la cámara se quedara en el rostro de Claudia, pero Martín, entendiendo esa intuición, propuso que lo que viéramos era la cara del hombre, del putero.
"Hemos hablado mucho también entre nosotros de las dudas que nos generaba cuál es la opinión de ellos", reflexiona. "Tienes delante una víctima de trata y no lo sabes. Pero no lo sabes y tampoco intuyes qué está operando ahí. ¿Es tu deseo? ¿Es tu necesidad de poder? ¿Es tu desconexión? ¿Qué se está poniendo en juego ahí? Poner la cámara ahí, aunque no resolvamos estas preguntas, pero por lo menos dedicarnos un tiempo a observar esos gestos de la cara, esa manera de gestionar la situación, me parecía interesante".
La transformación de Raúl Arévalo: 20 kilos más para ser Suizo
Si en El castillo el foco está puesto en el realismo del sistema de la trata de personas, entonces había que crear a un proxeneta que se acoplara a la verdad. La receta para Suizo la da Villanueva: "queríamos que fuera un hombre tosco, que impusiera, pero que fuera un hombre normal. Que fuera un señoro, y que sintieras que si te da una bofetada te revienta, pero que no fuera sexy para nada, que no fuera atractivo".
Y, como recalca Peña, querían alejarse de cualquier romantización. "No queríamos que fuera una mente brillante criminal. No es un tipo que hace un plan maestro donde todo lo tiene pensado. Este es un tipo que va día a día y que, si llega a sitios, es porque no tiene nada más en lo que pensar en su vida. Es un hombre mediocre, pero con una ambición y una falta de empatía que tampoco es psicopatía".
Arévalo, por su parte, se sometió a una transformación. Engordó 20 kilos, cambió su forma de andar y sus movimientos. "Se le cambió la voz, él no fuma y no paraba de fumar", recalca Peña.
Es un hombre mediocre, pero con una ambición y una falta de empatía que tampoco es psicopatía
La psicóloga forense Elena Garrido les ayudó a crear a Suizo. "Decía que muchos de los perfiles que ella había conocido, que se dedican al crimen organizado o que delinquen durante gran parte de su vida, son perfiles subclínicos", señala Martín. "Son ingredientes suficientes como para que tengas una falta de escrúpulos para llevar esta vida de forma consciente. Y esto es muy importante: que fuera consciente. Consciente y mediocre desde el punto de vista de que aprovecharte de gente vulnerable no es una gran obra. Es ser un abusón. Es ir a lo que puedes controlar".
Arévalo encontró todo esto muy interesante. "Recuerdo una de las primeras reuniones con Raúl, que él decía: 'Es que yo me imagino a hombres que yo conozco de mi pueblo jugando al mus", recuerda la directora. Y de ahí, de esa idea, nacieron el resto de proxenetas que aparecen en la serie. "Pensamos: 'Vamos a intentar normalizarlo porque, desde esa absoluta normalidad de es tu trabajo, como podría ser cualquiera, vamos a generar esa sensación de terror".