¡Guasaaaaaaaa!
por Tomás Andrés GuerreroCuando en el año 2000 llegó Scary Movie, la franquicia se convirtió en un pequeño fenómeno cultural gracias al sello irreverente de los hermanos Wayans. Aquellas primeras entregas mezclaban la parodia de los éxitos del terror con un espíritu muy cercano a la stoner comedy (comedias de "porretas"), repletas de humor grueso, referencias sexuales y una energía caótica que conectó de inmediato con el público joven. Con la llegada de David Zucker, veterano responsable de clásicos de la parodia, la saga fue desplazando su centro de gravedad hacia un modelo más cercano al gag constante, la referencia pop y la sátira desatada de cualquier fenómeno mediático que se cruzara en su camino. El resultado fue una evolución tan discutida como popular que acabó definiendo buena parte de la identidad de la saga.
Tras un largo parón que parecía haber condenado la marca al recuerdo nostálgico, el regreso de Scary Movie llega en el momento oportuno. El cine de terror atraviesa uno de sus mejores periodos creativos y comerciales de las últimas décadas, con una avalancha de títulos, tendencias y fenómenos virales que ofrecen material prácticamente inagotable para la parodia. Había mucho donde rascar y la película lo sabe desde el primer minuto.
Como ocurría en las mejores entregas de la franquicia, aquí la trama importa más bien poco (aunque toma como referencia el 'reboot'/secuela de 2022: Scream). Lo esencial es la sucesión de 'sketches', situaciones absurdas y bromas que van enlazando una referencia tras otra a algunos de los grandes éxitos recientes del género. La narración funciona como una mera excusa para encadenar chistes, apariciones sorpresa y secuencias que buscan la carcajada inmediata. Y, sorprendentemente, la mayoría de las veces la consiguen.
Un retorno esperado y notable
Lo más llamativo es que probablemente estemos ante la película más divertida de toda la saga. Después de años buscando su identidad entre el humor escatológico, la parodia cinematográfica y el comentario cultural, esta nueva entrega parece haber encontrado por fin un equilibrio muy eficaz entre lo zafio y lo satírico. No renuncia a los chistes de mal gusto que siempre han formado parte de su ADN, pero los combina con una mayor precisión cómica y con una batería de referencias terroríficas que resultan especialmente agradecidas para los aficionados al género.
Otro de los grandes aciertos de la película está en su ritmo. Los guionistas parecen haber asumido una máxima muy sencilla: si un chiste no funciona, otro llegará apenas unos segundos después. La densidad de 'gags' por minuto es sencillamente apabullante, en una tradición cómica que se remonta a la legendaria Hellzapoppin, (1941) que convirtió la acumulación frenética de bromas, rupturas de la cuarta pared y situaciones absurdas en una auténtica forma de arte. Aquella filosofía de "ametralladora de chistes" sigue plenamente vigente: algunos 'gags' funcionan mejor que otros, algunos pasan demasiado deprisa y otros se quedan a medio camino, pero la cantidad es tan enorme que el balance final siempre juega a favor de la carcajada.
Aun así, Scary Movie cumple con creces lo que promete: una celebración desenfadada del cine de terror y de la propia franquicia. Los Wayans no ofrecen una sofisticada reflexión sobre el género, sino recuperar el placer de la carcajada colectiva y pulir su estilo. Es una de esas películas concebidas para disfrutarse en una sala llena, rodeado de espectadores cómplices, compartiendo risas y dejándose llevar por el contagioso espíritu gamberro que siempre ha caracterizado a la saga.