Prácticamente no tan mágica
por Andrea ZamoraEl tiempo es algo curioso. Pone a ciertas cosas en su sitio, sirve para ganar perspectiva y darse cuenta de que lo que funcionaba ya no lo hace, o viceversa. Viceversa es el caso de Prácticamente magia (1998), el filme de fantasía que Nicole Kidman y Sandra Bullock protagonizaron a finales de los años 90 con Griffin Dunne en las labores de dirección. En su nacimiento, la reacción fue negativa. Ahora que es casi treintañera, se ha convertido en película de culto, sea lo que sea que significa eso. A Prácticamente magia le tocó llegar a la vida con el monopolio de la mirada heterosexual y masculina, con que los que determinaban lo que estaba bien y mal tendían a rechazar relatos en los que ellos no eran los protagonistas. Pero el tiempo, como hemos dicho, pone a todo en su lugar. Y Prácticamente magia ha trascendido porque en ella se hablaba de la hermandad y la sororidad frente a la violencia contra la mujer. También por otras cosas, sí, como crear un lugar de identificación, un 'safe place' al que acudir y que no exige nada, solo alivio y bálsamo. Eso siempre es un regalo.
Pero los tiempos también son algo traicioneros. Y en los que nos toca vivir, hay poco espacio para que una película como Prácticamente magia nazca. Para lo que sí que hay hueco es para explotar algo que ya existió y que, con el tiempo -maldito, ahí está otra vez-, se ha embarrado de nostalgia y ahora es una IP y puede convertirse en franquicia. O lo que es lo mismo: volver a una idea ya concebida vestida de homenaje a la original, pero cuyo objetivo es resucitar algo que, sin importar muy bien cómo se hace, sirva para cebar a la cartelera. Hay veces que las películas dejan de ser películas para ser contenido.
Ay, cuánto texto en la era de la falta de atención y el vídeo corto de TikTok. Qué lío para escribir que Prácticamente magia 2 sí consigue hacer un homenaje a la primera Prácticamente magia y que los que disfrutaron de las hermanas Owens en el pasado volverán a hacerlo con esta nueva entrega. Pero el problema de la secuela, que los tiene, es el mismo que el de casi todas las secuelas: confundir espectacularidad con exceso. La nueva entrega, que tiene a Susanne Bier como directora por tener a alguien, expande demasiado y sin puntería algo que funcionaba, precisamente, porque está ambientado en un mundo cercano, pequeño y muy muy identificable.
Si en la primera película Sally y Gillian, malditas por el legado del mal de amores, tenían que hacer frente a una investigación policial por la muerte accidental de un maltratador mientras se enfrentaban a un pueblo que las marginaba, en esta tienen que salir de su país para rescatar a una de las hijas de Sally, también perjudicada por la maldición familiar. Es interesante que la secuela recupere el maleficio original, pero la intimidad de este aquelarre de brujas se siente poco real e impostada. Ayuda un poco a paliar los daños que Kidman y Bullock hayan sabido recuperar a sus personajes. Verlas de nuevo como las hermanas Owens es lo mejor de este regreso porque no solo vuelven, sino que lo hacen siendo divertidas, juntas y por separado, y con una química que persiste el paso del tiempo.
Una nueva aventura, la de Sally y Gilly, entretenida, pero algo absurda y exagerada a medida que aparecen los elementos y personajes nuevos. El mundo de Prácticamente magia, al final, es uno de legados. Y ahí están Maisie Williams y Joey King recogiendo el testigo solo a briznas como las hijas de Sally que han vivido ajenas a todo esto de la brujería y van a descubrirlo a la fuerza. Y también están Lee Pace, Solly Mcleod y Xolo Maridueña, que son tan necesarios para avanzar la trama como poco memorables.
Pero no teman, fans de Prácticamente magia, que lo que acaban de leer y quede enterrado entre tanto vídeo de influencer que hable sin hablar de las bondades de esta y otras películas con las palabras "publicidad", "publi", "colaboración pagada", "contenido patrocinado" o sucedáneos no te quite las ganas de reencontrarte con las Owens. Siempre hay magia en eso de volver a lo que te hizo feliz. El tiempo, pese a todo, juega a favor.