Hace años que Luis Zahera, 60 años, se encuentra entre los actores más reconocibles y reputados de la industria cinematográfica española, pero, como muchos en su profesión, durante años tuvo que trabajar muy duro hasta que el esfuerzo obtuvo su recompensa. Fue elegido para dar vida a algunos notables personajes de televisión, pero, además, uno de los mejores cineastas de nuestra industria, Rodrigo Sorogoyen, quedó prendado de su talento y le ofreció algunas de las oportunidades que le consolidaron como uno de los mejores intérpretes españoles del panorama actual.
Bajo la dirección de Sorogoyen, de hecho, ganó los dos Goyas con los que cuenta en su carrera: el primero en por El Reino, y el segundo en por As Bestas.
Quinto hijo de una familia y el menor tras cuatro hermanas mayores, Zahera supo que quería actuar desde que era un adolescente de 16 años y fue con una de ellas al teatro por primera vez. "Sentí una revelación. Como si la luz del escenario me pasara por la cabeza", contó en una entrevista a El País. Sin embargo, al principio le daba mucho miedo enfrentarse a los castings: "No era capaz de dar el paso a profesional. Y me frustré".
Sin embargo, su familia le ayudó a dar un paso aún más grande: aprovechar los lazos que su madre tenía en Nueva York y cruzar el océano para formarse en la Gran Manzana en un viaje que costearon con una colecta familiar.
"Yo quería ser actor en aquel momento, pero yo era supertímido, no era capaz de ir de ir a los castings. Estaba todo enrarecido en en Santiago de Compostela, años 89-90, muchas drogas, mi pandilla medio disgregada", recordó Zahera en una entrevista con Risto Mejide para Viajando con Chester. "Un día hablé con mi madre: 'Mamá, no soy capaz de ir a los a los castings'. Entonces ella tenía una amiga que tenía un familiar y y me largó para allí. Yo creo que fue lo que mejor me vino a mí en la vida. En los 90 hubo un momento difícil".
Allí, como ha contado en diversas entrevistas, además de prepararse como intérprete, tuvo que hacer múltiples trabajos que le permitieran costearse la estancia, entre ellos trabajar en las mismísimas Torres Gemelas. Todavía quedaban un par de años para los atentados terroristas del 11-S que las borraron del mapa de rascacielos de Nueva York: "Trabajé en la pintura. Trabajé en un restaurante de lujo, en Tribeca. Hice demolición en las Torres Gemelas, que muchos años después se se cayeron".
Sobre ello también habló en A las bravas de la Cadena Ser: "Estuve demoliendo la planta 62 en la en la que tenía el restaurante, la de la antena. Cargándome toda la planta de colgate. Sí, estuvimo mes y medio, que me impresionó". "Hacer la demolición tiene una cosa muy gustosa, porque con veintipico años te dan una maza que tienes que romper casi todo. Hay muchas cosas que cabían en el ascensor gigantesco de las torres, ese ascensor que tenían que era de ultra velocidad".
Cuando cayeron, "la primera persona que me llamó fue mi padre, que yo le cogí el teléfono y me dijo todo serio: 'Hijo mío, tú no tendrás nada que ver, ¿no?'", recordó Zahera. "Me pareció de una crueldad...".