Críticas
3,0
Entretenida
Ceniza en la boca

El drama de la inmigración

por Andrea Zamora

A Lucila le pagan por asumir aquellas tareas que los demás prefieren evitar. En España, donde reside, incluso cuidar de un familiar puede convertirse en un servicio con precio. No importa si se trata de un bebé o de una persona mayor. "Aquí tienes 20 euros por cuidar de mi hijo". "Aquí tienes 30 para compensar que no puedo ocuparme de mi madre de ochenta años". Lucila va enlazando empleos de este tipo porque es la única manera que encuentra de salir adelante. Nació en México, pero llegó un momento en el que tuvo que dejar atrás a sus abuelos y viajar con su hermano pequeño hasta España para reunirse con su madre, que años atrás había partido casi a la fuga en busca de una vida mejor lejos de casa. Lucila no tiene claro que todo aquel sacrificio haya valido la pena.

Lee la crítica completa de Ceniza en la boca: 'Ceniza en la boca': una historia sobre inmigración que Diego Luna no termina de exprimir | San Sebastián 2026

Ceniza en la boca es la nueva película de Diego Luna, que aunque ha construido buena parte de su carrera como actor, ya tiene experiencia detrás de las cámaras. En esta ocasión adapta la novela homónima de Brenda Navarro, una historia sobre la inmigración, el racismo, la precariedad y esa sensación de no encontrar un lugar propio, incluso cuando uno está dispuesto a cambiar su vida por completo.

La vida de Lucila parece empeñada en darle un golpe tras otro. Cada vez que consigue alcanzar un poco de estabilidad o vislumbrar algo parecido a la felicidad, aparece una nueva desgracia para arrebatárselo. Mientras trabaja como cuidadora para una arquitecta adinerada, tacaña y desagradable, completamente absorbida por su profesión, tiene que ingeniárselas para atender también a su hermano, que atraviesa dificultades en el colegio. Cansada de su situación y de una decisión que su madre tomó en su nombre, decide marcharse a Barcelona junto a una amiga. Allí encuentra trabajo cuidando de una anciana y repartiendo comida. Por fin parece disfrutar de cierta libertad, pero su hermano vuelve a aparecer y, con él, regresan los problemas. Se queda sin un lugar donde vivir y, cuando finalmente encuentra una manera de continuar, una muerte familiar vuelve a ponerlo todo patas arriba.

En un determinado momento, Ceniza en la boca adquiere una estructura circular. Lucila se ve obligada a regresar al país en el que nació, pero lo hace con una mirada diferente: la de alguien que ha conocido otra realidad y otro mundo más allá de México, de su violencia y de sus miedos. Tiene que volver para comprender que, en realidad, debe marcharse otra vez, igual que hizo su madre.

Una historia sin exprimir

Ceniza en la boca es un drama correcto y convencional que encuentra su principal fortaleza en su protagonista. Anna Díaz interpreta a Lucila con muchísimo carisma y una autenticidad notable. También hay honestidad en la mirada de Luna, especialmente cuando aborda la realidad de tantos inmigrantes, pero la película termina resultando algo plana. La sinceridad del director no siempre consigue convertirse en verdadera profundidad cinematográfica. La historia avanza como una sucesión árida de episodios en la vida de Lucila que son necesarios para comprender quién es y por qué ha llegado hasta ahí, pero que rara vez dejan una huella especialmente poderosa.

Luna dedica poco espacio a explicar qué lleva a tantos mexicanos a emigrar a España y plantea algunas de esas cuestiones de manera demasiado superficial. Algo parecido ocurre cuando retrata las dificultades que encuentran los inmigrantes una vez llegan a nuestro país. Da la impresión de que el director se acerca a esos conflictos sin terminar de profundizar en ellos. Es como si estuviera haciendo un zumo y se cansara demasiado pronto de exprimir la naranja que tiene en la mano. Todavía podía salir mucho más jugo. Ceniza en la boca, sí, pero porque es el sabor que deja.