Un refugio visual
por Andrea Zamora"Exijo demasiado". Algo en broma, algo en serio, así es como Marianne Dashwood, una de las protagonistas de Sentido y sensibilidad, se queja de que no encuentra un hombre con los atributos que busca en un marido. Las adaptaciones de Jane Austen nunca han exigido demasiado porque llevar las historias de la autora a la gran pantalla no es una tarea difícil. Si el material es bueno, por qué no iba a ser fácil. Pero la escritora no lo dejó todo hecho y hay que esforzarse. Al menos, para que un director o directora encuentre su autoría. Ahí está la Orgullo y prejuicio (2005) de Joe Wright, tan fina y atinada que empapa de emoción. También la Emma. (2019) de Autumn de Wilde, que supo encontrar el punto perfecto entre forma y fondo sin olvidar la comedia.
Es una pena que no pueda decirse lo mismo de Sentido y sensibilidad, la última adaptación de una de las novelas más conocidas de Austen. Hay un problema de equilibrio. A su directora, Georgia Oakley, le ha quedado una película visualmente preciosa, cómoda, agradable y acogedora que seduce por lo que muestra, pero que en su parte emocional queda algo plana.
La de Sentido y sensibilidad es la historia de dos hermanas, Marianne y Elinor, en edad casadera y que acaban de perder a su padre. Y eso, en la época de XVIII, era una faena. Sin un hombre en casa, dependen de la bondad de su hermanastro, amigos y conocidos. Y todo queda en lo siguiente: deben abandonar su hogar y marcharse a otro en medio del campo por el que poder pagar una minucia.
En su adiós, a Elinor le toca también despedirse de Edward Ferrars, con quien se enciende una chispa más que prometedora. Y en su bienvenida a su nueva casa, a Marianne le toca saludar a Willoughby, con quien las cosas apuntan a un potencial matrimonio. Pero esto, no olvidemos, es una historia de Austen y a la autora le gustaba asentar las bases y enredarlas para luego solventarlas en los últimos momentos. Así que nada va a ser tan fácil como parece y habrá muchos secretos por revelarse que lo irán cambiando todo.
Sentido y sensibilidad es fiel al libro de Austen, pero no se priva de hacer cambios. Algunos son acertados y modernizan la obra original, facilitando algunas de las tramas que la autora enmaraña en su libro. Por ejemplo, en la forma en la que desarrolla la relación entre Elinor y Edward y cómo sintetiza las apariciones de personajes que tienen mucho más tiempo en el papel que en la pantalla. La guionista Diana Reid ha sabido extraer lo que es puro matorral del libro, aunque también hay algún añadido en el filme que resulta poco oportuno.
Daisy Edgar-Jones sobresale como Elinor. Es con ella con la que Sentido y sensibilidad más brilla porque, aunque Esmé Creed-Miles consigue darle carisma a Marianne, Edgar-Jones consigue mantener en alza la emoción en ciertos momentos del filme en los que, además, Oakley se presta a jugar un poco con la cámara. Como cuando decide quedarse con su cara cuando recibe una mala noticia o cuando, sirviéndose de un espejo para reflejar a su compañero de escena, la imagen se mantiene en ella. Siguiendo con el elenco, su guinda es Fiona Shaw, que interpreta a una Mrs. Jennings en la que, dentro de la extravagancia y petardeo del personaje, la actriz es capaz de encontrar ternura y simpatía.
Sentido y sensibilidad seduce por lo que muestra, pero en su parte emocional queda algo plana. Pese a eso, consigue ser una película refugio, un lugar en el que dejarse caer durante un rato y olvidarse de todos los males del mundo.