Críticas
3,0
Entretenida
Capitán Phillips

Oh capitán, mi capitán

por Daniel de Partearroyo

El ataque contra el buque de carga Maersk Alabama por piratas somalíes el 8 de abril de 2009 mientras navegaba al sudeste de la costa de Somalia en dirección a Mombasa fue el primer acto de piratería exitoso contra un barco estadounidense que se registraba desde el siglo XIX. Después del abordaje, los marineros lograron que los piratas abandonasen el buque en un bote salvavidas, pero éstos tomaron al capitán Richard Phillips como rehén, que terminó siendo rescatado por soldados norteamericanos tres días después. En manos del británico Paul Greengrass, la tensa y agobiante experiencia del capitán Phillips toma la forma de un thriller absorbente y nervioso que traslada al espectador toda la angustia de los acontecimientos, pero no va mucho más allá de la experiencia adrenalínica.

Aunque parece que la intención de Greengrass y el guionista Billy Ray (La sombra del poder, Los juegos del hambre) —con el libro de Phillips sobre su trabajo y lo ocurrido como referente— era nivelar el retrato de los dos bandos en juego, los marineros y los piratas, ofreciendo leves apuntes sobre la presión o la simple desesperación famélica a la que están sometidos los pescadores somalíes a causa de sus costas esquilmadas, desde el principio la película es rehén de su propio título. Capitán Phillips toma al veterano capitán del buque de carga como protagonista absoluto y deja claras cómo van a estar repartidas las simpatías del público desde antes de que empiece el metraje: a Phillips lo interpreta Tom Hanks, una superestrella mundial bien reconocible y con años de empatía trabajada desde la cartelera; los cuatro piratas somalíes son actores no profesionales en su primer papel cinematográfico. No obstante, hay que reconocer que Hanks tiene profesionalidad y talento para imponerse sobre el cásting cuestionable con una interpretación de entrega absoluta; incluso tiene una escena final digna de figurar en cualquier recopilación futura de lo mejor de su carrera. No se puede decir lo mismo del enfoque argumental: los mayores brochazos de simpleza pertenecen a la desvergonzada caricaturización del grupo de piratas, cada uno con sus "personalidades" contrapuestas (el líder, el violento, el inexperto) dignas de proceder de un almanaque de arquetipos de serie B.

Una vez asumida la superficialidad del relato, queda disfrutarlo como la reconstrucción dramática dispuesta a enseñarnos eficientemente aquello que sólo pudimos imaginar durante la narración mediática en directo de los hechos. Ahí, el estilo frenético de cámara temblorosa y montaje sincopado practicado habitualmente por Greengrass encuentra plena justificación y el vertiginoso avance de la historia marca las diferencias con el pausado devenir de A Hijacking (Tobias Lindholm, 2012), la estimable película danesa que recientemente trató el tema del secuestro en alta mar desde una perspectiva muy distinta y menos agradecida. Capitán Phillips logra mayor tensión en su parte Río Bravo (Howard Hawks, 1959), con el acoso de los piratas al enorme buque, que en el segundo tramo más centrado en el rescate del capitán por parte del ejército estadounidense (con un despliegue de fuerza militar que reduce la determinación de los somalíes a tamaño insecto), pero su irregularidad no impide que nos vuelva a dar confianza en Greengrass tras aquel tropiezo de Green Zone: Distrito protegido (2010).

A favor: Tom Hanks; por su interpretación y por seguir buscando papeles que le supongan un desafío.

En contra: El uso efectista y machacón de la taquicárdica partitura de Henry Jackman.