Críticas
4,0
Muy buena
Focus

Tango para dos

por Suso Aira

En una maniobra de distracción digna de los dos reyes de la estafa que protagonizan la película, Focus parece mostrarse como una (más) de esas comedias románticas con el timo y el golpe (El golpe, claro) de etiqueta en sus elegantes trajes de diseño. Eso es lo que quiere que creamos, porque mientras nos dejamos llevar por su trama de engaños y de guerra de sexos, de maestro y alumna intercambiando roles, el film nos ha robado la cartera (y a algunos el corazoncito) con lo que realmente es: un estudio posmoderno sobre el cine de género de los años 60.

Hagamos un poco de historia cinéfila analítica (no, no se van aburrir… y menos con Focus): en la década prodigiosa 60s el thriller deja de ser sombrío y se reconstruye de manera pop inventando un nuevo lenguaje. En un nuevo orden de colores e imágenes, de diseño publicitario y ligereza, el cine sobre robos (esta es su edad de oro) y estafas toma el relevo de la comedia de enredos y sexual. Si en el cine negro tradicional no importaba el qué ni el cómo de la trama, sino el fondo y los personajes, en el thriller timador/afanador sixties es importante el qué y el cómo se ejecutan los planes, formando algo así como la partitura sobre la cual se ejecutará una improvisación jazzística que es la verdadera esencia del cambio de foco. Focus, como Charada, El caso Thomas Crown o cualquier otro título clave de esa época, posee una partitura férrea (y previsible… como suele serlo el género… lo que no es malo) de golpes meticulosamente preparados y de vueltas de tuerca y sorpresas calculadamente imaginadas. Es lo que antes te llega, es la distracción de sus directores, quienes, recordemos, transformaron las comedias de Doris Day y Rock Hudson (ajá, asimismo sesenteras) en un Atrápame si puedes (por supuesto que película de timos 60s) gay en I love you, Philip Morris. Que sí, que es una trama hasta cierto punto convencional (y muy disfrutable) y que incluso su localización bonaerense le permite a uno buscarle el referente local de Nueve reinas (aunque Nueve reinas no jugaba en estos ambientes cosmopolitas y cool de Focus), pero que en otro nivel está con una cerebral jam session a costa del tipo de cine que revisita.

Un tango de calculados pasos e improvisados e infernales giros cinéfilos y cinematográficos (el uso del off y del encuadre; el montaje y su obsesión por el detalle) que abre camino, como lo hizo esa filmografía ladrona de hace medio siglo, a un punto y aparte en el género. En ese sentido sería Focus, en versión más ligera y menos voluntariamente complicada, hermana de aquella Duplicity con Julia Roberts y Clive Owen que hacía algo semejante con el cine de espionaje.

A favor: recuperar a un Will Smith actor como hace tiempo que no le veíamos.

En contra: sus twists son adorablemente predecibles.