Críticas
3,5
Buena
Hermanísimas

Dos la lían juntas

por Paula Arantzazu Ruiz

La química entre Tina Fey y Amy Poehler es sencillamente extraordinaria. Su verborrea, su descaro y ese toma y daca de bromas entre una y otra arrasan con cualquier situación que se les ponga por delante. Incluso cuando interpretan a dos hermanas con síndrome de Peter Pan que deciden pasar un último fin de semana en la casa de su infancia cuando sus padres (James Brolin y Dianne West) les anuncian que la han puesto a la venta. En Hermanísimas, era de esperar, arrasan con esa casa pero también con todos lo personajes que las acompañan: es obvio que esta comedia dirigida por Jason Moore (Dando la nota) y con guión de Paula Bell (habitual de Saturday Night Live) está al servicio de las humoristas, pero la manera en que se apropian de la historia y de la pantalla va más allá. Genias.

Aquí las actrices se intercambian los roles de Mamá de alquiler (Michael McCullers, 2008) y Tina Fey interpreta a la hermana irresponsable y alocada, Kate, la amante de las juergas; mientras que Poehler hace lo propio con la hermana seria y contenida, Maura, quien no ha sabido aprovechar los años de juventud y que ve en ese fin de semana en su antigua casa de la infancia la oportunidad para pegarse la fiesta que jamás disfrutó cuando fue adolescente. Sí, hemos visto unas cuantas comedias americanas con la fiesta que se descontrola como telón de fondo narrativo (de la saga Resacón en Las Vegas a Project X) y quizá ese es el punto flaco de la película, pero ello no es óbice de que el caos que se dispara una vez arranca la celebración no provoque más de una carcajada. El nivel de bobadas alcanza su momento cumbre cuando Fey y Poehler se lanzan a la pista al ritmo del Informer, de Snow (1992), riéndose de paso de la nostalgia que ha inundado buena parte del género poniendo en escena lo más poco reivindicable de aquellos años y, por tanto, también lo más cómico. Hermanísimas, en suma, es una estupenda tontería que repasa los tics de las comedias de fiestas y de reencuentros con el pasado sin ser demasiado original y que, sin embargo, sabe ser ácida con el síndrome de eterna juventud que achaca la cultura actual.

A favor: Tina y Amy, dos locomotoras sin freno.

En contra: El genio de Maya Rudolph reclama más escenas.