Críticas
4,0
Muy buena
Costa da Morte

El paisaje como espejo

por Gonzalo de Pedro

Convertir una forma cinematográfica en una película, tomar un plano general y, a partir de ahí, construir todo un ensayo sobre el cine, la memoria y el paisaje. El joven cineasta gallego Lois Patiño se convirtió este pasado año en una auténtica celebridad en el circuito de festivales, museos y filmotecas con su primer largometraje, que llega a las pantallas españolas un año después de su victoria en el Festival de Locarno, auténtico trampolín de jóvenes cineastas capaces de trabajar en los límites del cine para reinventarlo y renovarlo.

Costa da morte, la película con la que Patiño ha dado, literalmente, la vuelta al mundo, parte de un dispositivo sencillo: filmar en grandísimos planos generales el paisaje de esa región concreta de la geografía gallega, planos en los que la figura humana queda reducida a su mínima expresión, apenas un punto en la inmensidad romántica de un paisaje grandilocuente. Y sobre esos planos, algunos de una belleza sobrecogedora, Patiño contrapone las voces de los habitantes de esos espacios naturales: trabajadores, lugareños, habitantes de la zona que recorren la memoria, la historia, y los mitos, que atraviesan la Costa da morte, en un intento de dibujar ese espacio en el que el mito se tropieza con la historia para darse la mano, en un intento por descubrir si los espacios conservan la memoria de la gente que los habitó.

El trabajo de Patiño, que bebe mucho de la tradición de las artes plásticas, y que reduce el efecto tridimensional del cine para convertir cada plano en un pintura digital en dos dimensiones, pasa por el reconocimiento de que el paisaje es siempre una construcción humana, casi opuesta al concepto de naturaleza, que es aquello que desborda el marco del plano y el marco de lo concebible: lo infinito, lo inabarcable, lo inaprensible, lo misterioso. Y a ese abismo de lo inconcebible y lo infinito es al que se acerca Patiño, con el objetivo declarado de “expandir la visión y conectarse con el mundo”. O lo que es lo mismo, el cine como un vehículo de conocimiento casi trascendental, un viaje sensorial hacia aquello que se esconde tras lo visible, tras las apariencias, las palabras y las imágenes.

A favor: su capacidad hipnótica y su empuje casi levitatorio

En contra: algunas partes de la voz en off, quizás prescindibles