Críticas
3,0
Entretenida
La comuna

Compartir es vivir

por Xavi Sánchez Pons

Permítanme empezar esta crítica con una apreciación muy personal y subjetiva de lo que viene a ser La comuna: el intento de Thomas Vinterberg de acercarse a una feel-good movie. Digo acercarse, porque, al ver el resultado, está claro que el responsable de patadas en la entrepierna como Celebración o La caza lo ha hecho a su manera, pasando por su filtro encabronado e intenso el género de las películas amables. En La comuna el danés repite con uno de sus colaboradores habituales, el guionista Tobias Lindholm, y cuenta con un reparto que presenta varias estrellas del cine escandinavo (Ulrich Thomsen, Trine Dyrholm o Fares Fares), materia prima suficiente para armar un drama de autor europeo de qualité que aspira a llegar a todos los públicos. Sí, la última película de Vinterberg quizás sea la más accesible de su carrera, y en ella casi se pone el traje de artesano. Una historia ambientada en la Dinamarca de los años setenta sobre una pareja de progres que decide crear una comuna para poner algo de diversión en su vida. Una decisión que acaba poniendo en jaque su relación conyugal.

Más que una película sobre una forma alternativa de vivir en grupo, La comuna plantea un drama de pareja sobre la crisis y posterior ruptura del dúo protagonista, Erik y Anna: un profesor de arquitectura de la universidad y una famosa presentadora de televisión. Vinterberg se fija del Ingmar Bergman más epidérmico para mostrar las tensiones entre ellos y el descenso a los infiernos de Anna (una excelente Trine Dyrholm). Principal impulsora de la aventura comunal que se desmorona al enterarse de que Erik, algo descontento con su nueva vida, la ha sustituido por una joven estudiante. Y hasta aquí todo bien. El difícil equilibrio entre el egoísmo y los ideales progresistas. El problema es que el aspecto más interesante del nuevo filme del danés es a la vez su talón de Aquiles más evidente. El conjunto se deslavaza y el resto de tramas de La comuna apenas se desarrollan, porque el conflicto central las acaba ahogando. Y hay unas cuantas con potencial que no se aprovechan del todo: el coming of age de la hija adolescente de la pareja protagonista, los problemas de convivencia que plantea la vida comunal, o esa mirada crítica hacia los progres de postal daneses de los años setenta. Las comparaciones son odiosas, pero a pesar de ser un buen intento, la película de Vinterberg se queda algo lejos de aquella pequeña maravilla que Lukas Moodysson dirigió hace unos dieciséis años, la espléndida Juntos, que trataba con más chispa y encanto eso de vivir en una comuna.

A favor: el espléndido reparto, encabezado por Ulrich Thomsen y Trine Dyrholm

En contra: la película no acaba de profundizar en las diversas sub-tramas que presenta