Críticas
5,0
Obra maestra
Tenet

Adiós a la entropía

por Alejandro G.Calvo

Empecemos por la definición del sustantivo. Tenet: principio, creencia o doctrina generalmente considerada verdadera. O en otra de sus acepciones: posicionamiento en común entre miembros de una organización, movimiento o profesión. Vamos, que “tenet” viene a ser lo que en castellano llamamos un dogma, ya sea de fe o tirando a profano. Tenet, claro, también es el título de la última película de Christopher Nolan (Londres, 1970), un chute fílmico que, ya os avanzo, va a reventar cabezas a lo largo y ancho de este mundo en continua pandemia. Al menos es lo que le ocurrió a la mía: implosión y explosión, hacia atrás y hacia delante, de un cerebro (demasiado castigado) tratando de descifrar el caos físico y termodinámico que se encuentra tras las impepinables imágenes de la película. Decir que Tenet es una montaña rusa de secuencias en continua convulsión, no sólo es arcaico, sino que ni siquiera llega a acariciar la superficie del entuerto. Tenet es un laberinto descabellado, revolucionario, extraordinario y escalofriante donde Christopher Nolan parece haber llegado al límite -si es que lo tiene- de su propia capacidad como narrador a la hora de manejar el tiempo a su antojo.

Obviamente, los juegos temporales no le vienen de nuevas a Nolan. Ya sea por su pasión para trastocar los tiempos narrativos -Memento (2000) es una película curva, que va hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo; Dunkerque (2017) plantea una triple narración en paralelo pero en distintos espacios temporales (una semana, un día, una hora)- como a la hora de usar el (paso del) tiempo como una herramienta dramática que impacte en la narración -en Interstellar (2014) el tiempo avanza más lento en el espacio exterior, condicionado por el agujero negro Gargantúa, que en la Tierra- o ambas cosas a la vez -en Origen (2010), es distinto el paso del tiempo en cada estadio del sueño (dramática) porque la acción se superpone a modo de palimpsesto en distinto arco temporal (narrativa)-. Entonces, ¿qué ocurre en Tenet con el tiempo? No lo pienso decir, qué gracia tendría. Aferrándome a lo visto en el tráiler para así no caer en la trampa del 'spoiler', el lector ya sabrá que en la película las cosas no solo van, sino que también vuelven. Algo muy raro pasa con el tiempo. Y ese algo muy raro, repito, acaba por convertir Tenet en una de las películas más complejas y fascinantes de la historia de la ciencia-ficción.

Sobre el papel, estaríamos delante de una película de espías a la vieja usanza. Una peli de James Bond (más clásica, elegante, lujosa). O una de Jason Bourne (más física, violenta e impredecible). Con un protagonista anónimo (John David Washington) enredado en una sinuosa e indescifrable trama que casi nadie parece comprender hacia dónde va (o viene). A su lado tiene a Neil (Robert Pattinson), un 'side-kick' cuyos conocimientos en cualquier área parecen no tener fin. Y como toda buena película de espías que se precie hay un villano mefistotélico (Kenneth Branagh) al que hay que detener cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Y una palabra, claro. Tenet. El dogma que nos está pidiendo Christopher Nolan que abracemos para poder disfrutar de su película en toda su desbordante ambición. Lo dicen en la propia película: “No hace falta que lo entiendas, sólo siéntelo / créetelo”. Será entonces cuando empiezas no solo a alucinar, también a disfrutar.

Porque creo honestamente que ni con tres doctorados en física uno es capaz de entender todo lo que ocurre en la última película de Christopher Nolan. Pero tanto da, es tan bestial la propuesta expuesta, es tan subyugante el mundo que ha creado el cineasta al margen de las leyes de la termodinámica, y son tan poderosas las imágenes con las que se nos narra la acción, que da igual si eres capaz de congeniar el anverso y el reverso de la narración, simplemente tienes que sentirlo, creértelo, para así disfrutar de este espectáculo totémico creado por un demiurgo que ya parece estar por encima de los simples mortales.

(Es cierto que viéndola pensaba en el 'mind-fuck' que es Primer (2004) de Shane Carruth o en la fascinación del nuevo mundo digital creado por las hermanas Wachowski en Matrix (1999), pero la realidad es que yo no he visto en mi vida nada parecido a Tenet. Como digo: salí con el cerebro licuado de la proyección. Pero con la sensación de haber disfrutado de una de las películas 'sci-fi' más audaces que he visto en mi vida. Y ya paro que me repito. O quizás estoy regresando al principio. Ya no lo sé. Ya no sé nada).