Críticas
3,0
Entretenida
Un sol interior

Fragmentos (y recuerdos) de un discurso amoroso

por Gerard Casau

Claire Denis suele tener una relación extraña con las adaptaciones literarias. En ocasiones, recupera elementos y pasajes puntuales de las narraciones que la emocionan, como sucedía en Beau travail i Los canallas, donde reconocíamos trazos del Billy Budd melvilliano y del sórdido Santuario de William Faulkner, respectivamente. Pero también puede suceder que el texto que estimula su imaginación no sea una pieza narrativa: era el caso de L'intrus, obra capital del cine de principios de siglo que surgía de un ensayo de Jean-Luc Nancy a propósito del transplante de corazón que el filósofo sufrió en sus propias carnes. Algo parecido ocurre en Un sol interior, que en un principio fue anunciada como una versión fílmica del clásicos de Roland Barthes Fragmentos de un discurso amoroso. De hecho, en un momento dado se dijo que su título debía ser Lunettes noires, como uno de los capítulos de ese libro, que confirmó a su autor como uno de los pensadores fundamentales para la generación que empezó a tener sus tanteos amorosos a finales de los setenta.

Aparentemente, poco o nada queda de ese libro en la versión final del filme, que evolucionó hasta adquirir una autonomía que permitía obviar cualquier cita explícita. Esa, al menos, es la dirección en la que apuntan las declaraciones de la directora, que tacha de falso cualquier intento de adaptación, y se refiere a Lunettes noires como un título provisional para llevar a los productores (su intención inicial era llamar la película “Agonie”). También existe otra posibilidad: quizá el proceso de adaptación acometido por Claire Denis ha sido sido parecido al que tomó el grupo de art-pop Dirty Projectors cuando, allá por 2007, decidió versionar entero el disco Damaged basándose solamente en el recuerdo lejano que su ideólogo Dave Longstreth tenía del clásico hardcore de Black Flag. El lapso de tres lustros desde la escucha del disco a la grabación de sus versiones bloqueaba cualquier posibilidad de recreación fidedigna, pero permitía acceder a una verdad más íntima, que filtraba las sensaciones que las canciones habían producido en los músicos en la toma de contacto seminal.

Siguiendo esta línea (quizá errada, de acuerdo), podríamos llegar a la conclusión de que, sin necesidad de respetar los puntos y las comas del tratado de Barthes, Un sol interior saca a la superficie todo aquello que el libro dejó en la memoria de Denis, y expone lo que significa para la autora en este momento: una reflexión sobre el amor y el deseo que se escurre entre los dedos cuando se ha dejado atrás la juventud, conducida por Juliette Binoche en la piel de una mujer, Isabelle, que atraviesa una crisis de desorientación emocional puntuada por una serie de encuentros con amantes más bien calamitosos e inmaduros.

Ubicada entre la negritud de Los canallas y el misterioso (y, esperamos, inminente) proyecto de ciencia-ficción que ha unido a Denis con Robert Pattinson, Un sol interior pertenecería a la vertiente más positivamente sensual de la cineasta (la de Vendredi soir o 35 Rhums, por ejemplo), si bien su registro dista de ser homogéneamente luminoso. Más bien, la película respira entre constantes cortocircuitos entre raspaduras dramáticas y una comicidad que surge del intento de racionalizar emocionalmente un absurdo diálogo de besugos. En este sentido, Denis parece acercarse a los modos de su amigo Hong Sang-soo, asumiendo que para ella estas tonalidades le resultan un tanto extrañas. Por fortuna, cuando la directora amenaza con dejar caer la pelota, allí está Binoche para ampararla, comprendiendo a la perfección la emoción justa que requiere cada escena, y en qué momento debe ocupar el centro del plano (como cuando encuentra en una canción de Etta James la traducción de todo lo que la recorre por dentro) y cuándo ha de dejar jugar a los demás: por ejemplo, en esa gloriosa secuencia final donde Gérard Depardieu le echa las cartas ante su mirada estupefacta, divertida y tierna.

A favor: Juliette Binoche. Especialmente, cuando baila a Etta James.

En contra: Que esta sea solamente la tercera película de Claire Denis que se estrena comercialmente en España.