La 'Supergirl' que merecía el Universo DC no está aquÍ
por Andrea ZamoraKara Zor-El no se pone el traje de Supergirl hasta pasada más de una hora de su película en solitario. No es porque no lo tenga en su posesión, no. En realidad, fue una de las primeras cosas que le dio Clark Kent cuando llegó a la Tierra. "Es un poco colorido, pero es para que sepan que somos los buenos", le explica su primo. Esta película va de otra cosa, de que Kara acepte el honor de colocarse en el pecho el emblema rojo y amarillo de la Casa de El. Bueno, de eso y de otras muchas cosas.
Leer la crítica completa de Supergirl: La 'Supergirl' que merecía el Universo DC no está aquí: Milly Alcock es lo único que sostiene una película que no está a la altura de la superheroína
Supergirl y el viaje de su protagonista también tratan sobre recibir la responsabilidad de proteger a los que no pueden protegerse, de ser, como le dijo su madre, "buena persona" y, sobre todo, de aprender a amar un planeta que no es el suyo. La superheroína sabe de sobra que puede hacer todo lo primero. Eso le viene de herencia. Es demasiado fácil. Aquí, lo difícil, el verdadero obstáculo a superar, no es la panda de villanos macarras a la que se enfrenta en su primera aventura en solitario, sino aceptar que puede llamar a su nueva casa eso: casa. Milly Alcock, la actriz encargada de dar vida a Kara, sí se gana con creces llevar el traje de Supergirl. El problema de esta nueva entrega del Universo DC es que todo lo demás no está a la altura de poder vestir la icónica "S".
Aunque Kara y Clark comparten un origen similar -dos supervivientes de un planeta destruido que encuentran refugio en la Tierra-, sus experiencias son completamente distintas. Clark llegó siendo un bebé y creció rodeado del cariño de los Kent, quienes le enseñaron a confiar en la humanidad. Kara, en cambio, aterrizó siendo ya una adolescente, con recuerdos, afectos y una vida que dejó atrás. Más que una refugiada, es una inmigrante que vive en un lugar donde posee un poder inmenso, pero donde nunca deja de sentirse diferente. La nostalgia por Krypton y el duelo por todo lo perdido la llevan a buscar una forma de recuperar sensaciones que creía olvidadas: viajar a planetas con un sol rojo, donde sus poderes desaparecen y puede sentir el dolor, el cansancio o incluso emborracharse. Para ella, volver a experimentar esos límites supone una conexión con la vida que dejó atrás.
Así comienza la película dirigida por Craig Gillespie, con Kara recorriendo el espacio junto a Krypto, el único vínculo que conserva con su pasado. Mientras se acerca su vigésimo tercer cumpleaños, Clark intenta convencerla de que regrese a la Tierra, pero ella rechaza la idea. No siente que ese mundo le pertenezca y prefiere seguir huyendo antes que enfrentarse a ese sentimiento de desarraigo. Todo cambia cuando conoce a Ruthye, una joven cuya familia fue asesinada por Krem de las Colinas Amarillas y que busca ayuda para vengarse. La situación se complica cuando Krem envenena a Krypto, obligando a Kara a perseguirlo para conseguir el antídoto. Ruthye decide acompañarla durante ese viaje.
Una aventura espacial con poca ambición
Visualmente, Supergirl apuesta por una estética espacial de tintes postapocalípticos que resulta atractiva, pero su guion no consigue aprovechar ese potencial. Más que construir conflictos realmente desafiantes para su protagonista, la historia da la impresión de limitarse a enlazar situaciones sin demasiada inspiración, como si el objetivo fuera simplemente completar un libreto. Tras un inicio prometedor, la película cae en una narrativa excesivamente convencional y predecible. Incluso las escenas de acción terminan transmitiendo poca emoción.
Milly Alcock sostiene buena parte del peso de la película gracias a su interpretación, mientras que Eve Ridley también cumple con solvencia en el papel de Ruthye. En el lado contrario está Matthias Schoenaerts como Krem de las Colinas Amarillas, un antagonista poco desarrollado y sin apenas presencia dramática. Jason Momoa, por su parte, debuta como Lobo ofreciendo un alivio cómico tan exagerado que, en ocasiones, termina resultando más irritante que divertido.
Las comparaciones con la película de Superman (2025) dirigida por James Gunn son inevitables. Sin ser perfecta, aquella tenía una identidad muy definida, personajes con mayor profundidad y conflictos acordes al nivel de su protagonista. Supergirl apenas alcanza esos estándares. El carisma de Alcock consigue elevar muchas escenas, pero no basta para ocultar las debilidades del conjunto. La banda sonora pierde fuerza en el tramo final y la puesta en escena transmite cierta falta de cuidado. Eso sí, la película deja algunos instantes de gran belleza visual, como la imagen de Kara gritando en el vacío del espacio mientras una lágrima se pierde entre las estrellas. Son momentos que insinúan un potencial dramático que nunca termina de desarrollarse.
Lo más frustrante de Supergirl es la sensación de oportunidad desaprovechada. Kara es un personaje con enormes posibilidades, pero la historia le plantea obstáculos superficiales que nunca parecen representar un verdadero desafío. Da la impresión de que los conflictos existen únicamente para hacer avanzar la trama, en lugar de impulsar la evolución de la protagonista. Además, si el propósito era mostrar cómo la heroína acaba aceptando la Tierra como su hogar, la película apenas construye ese cambio de forma convincente.
Después de esto ya no parece haber un futuro para ella como líder, solo como personaje secundario en el Universo DC. Supergirl, en lugar de a casa, ha llevado a Kara al matadero.