'The Last of us' en versión carcajadas
por Tomás Andrés GuerreroLa película Turno de noche, dirigida por Jonny Campbell y escrita por David Koepp, se presenta como una estimulante mezcla de géneros que se lanza sin complejos al espectáculo, el gore y con un fin eminentemente lúdico. En un panorama donde el terror contemporáneo a menudo oscila entre la solemnidad y el efectismo, esta propuesta encuentra su identidad precisamente en el equilibrio: una combinación muy consciente de ciencia ficción, comedia negra y horror corporal que no solo funciona, sino que resulta refrescante.
Desde su premisa -que puede recordar a lo que sucede en la serie The Last of us- donde un hongo mutante escapa de una instalación secreta y desencadena un caos de proporciones globales, sin embargo, a diferencia de la ficción de HBO, la película evita caer en la solemnidad narrativa típica del 'thriller' apocalíptico. Aquí, el desastre es tan importante como la forma en que los personajes lo afrontan: con ironía, ingenio y, sobre todo, humanidad. Dos jóvenes trabajadores atrapados en un almacén se convierten en héroes inesperados: dos figuras cotidianas obligadas a reaccionar ante lo extraordinario.
Uno de los mayores aciertos del filme reside en su reparto. Joe Keery y Georgina Campbell construyen una dinámica creíble, ligera y llena de matices, donde el humor surge de la complicidad y la química que tienen en pantalla. A su lado, Liam Neeson aporta su presencia magnética y juega con su propia imagen a la que nos tiene acostumbrado: su personaje, un veterano del bioterrorismo, encarna la experiencia y dureza, pero también se permite momentos cómicos. Se le presenta como el héroe, pero finalmente es incapaz físicamente de enfrentarse a la amenaza, riéndose de la percepción que tiene el espectador de él por sagas como Venganza. Este contraste generacional y tonal dota a la película de una energía constante y momentos de lo más divertido.
En este sentido, resulta especialmente significativo que la película suponga el primer gran papel protagonista cinematográfico para Keery, conocido por su participación en la serie Stranger Things. Lejos de limitarse a reproducir registros previos, el demuestra aquí una versatilidad notable, sosteniendo buena parte del peso narrativo con su actuación cargada de humor. Le confirma su potencial como actor capaz de liderar proyectos -sin ser un mero secundario cómico- dentro del cine de género, algo que el director aprovecha con inteligencia.
Una encantadora película con tono de videoclub
Turno de noche destaca también por su fuerte componente nostálgico. La película parece dialogar directamente con el espíritu del cine de serie B de los años ochenta, evocando una época en la que la imaginación desbordaba los límites presupuestarios y el ingenio visual suplía cualquier carencia técnica. Ese aroma a videoclub, a criaturas imposibles y situaciones desbordadas, impregna toda la propuesta, convirtiéndola en una experiencia que remite a un tipo de cine que hoy rara vez ocupa una cartelera comercial dominada por franquicias y sagas.
Lejos de ser un simple ejercicio de estilo, esta nostalgia se integra de forma orgánica en la narrativa. La película no imita, sino que reinterpreta ese legado desde una sensibilidad contemporánea, combinando efectos prácticos, humor autorreferencial y un ritmo que nunca pierde de vista al espectador actual. En ese equilibrio entre homenaje y actualización reside buena parte de su encanto.
En términos visuales, la película apuesta por una estética deliberadamente excesiva, donde el horror corporal y los elementos grotescos se integran con un diseño de producción que enfatiza lo claustrofóbico y lo industrial. El espacio —ese almacén convertido en campo de batalla— se convierte en un personaje más, un laberinto en el que cada rincón puede esconder el peligro.
Pese a que se estrene más o menos "de tapadillo" Turno de noche es una propuesta notablemente disfrutable dentro del cine comercial contemporáneo. No pretende reinventar el género, pero sí revitalizarlo desde el juego, el exceso y una propuesta muy divertida. Y en ese terreno, cumple con creces: pocas películas recientes entienden tan bien que el cine de género también puede -y debe- ser, ante todo, un placer.