El pasado año 2025 hubo una serie que destacó por encima del resto en Netflix: Adolescencia, una brillante producción británica de tan solo cuatro episodios cuyo éxito creció como la espuma gracias al boca-oreja y se convirtió también en la miniserie más vista de la historia de la plataforma. Reproducida en más de 142,6 millones de hogares y con más de 546,5 millones de horas reproducidas en sus primeros tres meses en el catálogo -datos ofrecidos por Netflix-, es la serie limitada más vista y solo es superada por la primera temporada de Miércoles en el ránking global.
Ambientada en una pequeña localidad británica, la serie creada por Jack Thorne y Stephen Graham abordaba la impactante historia de Jamie Miller (Owen Cooper), un niño de 13 años es acusado de haber cometido un crimen atroz. Un suceso que aparentemente ha surgido de la nada y que genera una enorme conmoción en la comunidad, mientras su familia, un psicólogo clínico y el detective a cargo del caso se preguntan qué sucedió realmente.
Gran triunfadora en las categorías de miniserie tanto en los Premios Emmy como en los Globos de Oro, Adolescencia ha sido objeto de grandes elogios por la forma en que ha aborda varios temas clave en la actualidad, como el impacto de la tecnología y redes sociales en la adolescencia y el movimiento de la manosfera.
Sin embargo, también surgieron voces críticas, como la de la psicóloga Emily Edlynn, quien un par de meses después de que la serie diese la sorpresa admitiría en un artículo para Psychology Today que encontraba dos problemas importantes en ella.
"A pesar de la apariencia de una serie de prestigio, Adolescencia refleja lo que falla en nuestra cultura de crianza: miedo generalizado y falta de confianza en nuestros hijos. Como autora de un libro que promueve una crianza con menos ansiedad y mayor autonomía para los niños, la serie me resultó profundamente inquietante por cómo amplifica los mismos miedos que contribuyen a los comportamientos de crianza ansiosos que ya aquejan a la crianza moderna".
"El mensaje principal de la serie es inequívoco: lo que tus adolescentes hacen en línea a solas en sus habitaciones podría llevarlos a matar a alguien. Este mensaje es inevitable, sobre todo porque los cuatro episodios de una hora dejan más preguntas que respuestas sobre el motivo del crimen. Experimentar ciberacoso y tener contacto con la tóxica "manosfera" podría crear las condiciones para un comportamiento agresivo, pero no son explicaciones suficientes para un asesinato tan atroz. Estuve esperando más información sobre el trasfondo de la historia, pero nunca llegó", lamentaba la profesional en el artículo. "Dado que la serie no explica satisfactoriamente qué llevó a este joven de 13 años, de apariencia inocente, a cometer un homicidio, ese vacío nos lleva a creer que podría sucederle a cualquier joven de esa edad. Incluso a nuestro propio hijo".
Según Edlynn, las "impresionantes interpretaciones" de sus actores hacen que todo sea tan realista que producen sensaciones muy intensas en los espectadores, explotando "deliberadamente" los temores que tendría cualquier padre a la hora de abordar determinadas secuencias. En su opinión, aunque hay padres que sí necesitan prestar más atención a sus hijos, los padres que ya se preocupan "no necesitan este nivel de miedo exagerado" y en su lugar habría sido mejor ofrecer una "visión más matizada de cómo abordar la crianza y la tecnología".
Por otro lado, el otro gran problema que encuentra la psicóloga Emily Edlynn en Adolescencia es "cómo representa a los adolescentes", algo que le impactó especialmente del segundo episodio. "No es así como la mayoría de los adolescentes se desenvuelven en el mundo. Las escenas ilustraban los peores estereotipos de los adolescentes: descontrolados, irrespetuosos y necesitados de que los adultos los controlen".
Según Edlynn, el camino hacia la prevención no reside en el miedo y el control, sino en una comunicación abierta y sin miedo, y en la confianza en los hijos. Los niños están más dispuestos a hablar y a aceptar consejos cuando se sienten comprendidos por sus padres, y no controlados de forma obsesiva. "Nuestros adolescentes son más propensos a compartir sus dificultades y evitar las peores consecuencias cuando sienten que los escucharemos, apoyaremos, comprenderemos y no los controlaremos". "El problema", lamenta y comprende, "es que eso sería simplemente televisión aburrida".